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Aprendizaje de la lengua en el niño

EL APRENDIZAJE DE LA LENGUA

Lo maravilloso de aprender algo es que nadie puede arrebatárnoslo. (B.B. King)

atencion y aprendizajePara poder responder a esta cuestión, cabe plantearse dos preguntas previas con respecto a la atención temprana; preguntas que nos ayuden a comprender el significado de lo que se denominan períodos sensibles del aprendizaje de la lengua, sea cual fuere el ambiente al que se subscriba el idioma. Tratamos de dar alguna probabilidad de solución a la pregunta en cuestión en el marco de nuestro país, y según nuestra idiosincrasia, aplicar las políticas mas adecuadas para la mejora educativa con respecto al aprendizaje de nuestra lengua materna y en la medida de lo posible, acercar a los niños al variado abanico de lenguas que surten nuestro país, independientemente de la comunidad en la que residan.

Es evidente que un bebé muy pequeño aun no comprende el lenguaje y, obviamente, produce nada que se parezca a éste; la única actividad vocal que puede darse desde que nace es el llanto y algunos sonidos vegetativos. Por lo general, los niños comienzan a decir sus primeras palabras, alrededor del año, pero según investigaciones recientes, hoy sabemos que esto no significa que hasta entonces, no hayan aprendido nada sobre la lengua materna; De aquí, las dos premisas:

1.- ¿Cuándo empieza la adquisición del lenguaje?

2.- ¿Qué saben los bebés antes de decir las primeras palabras?

Podremos presuponer que la experiencia intrauterina del bebé constituye una primera base de conocimiento que, aunque escasa de analítica, es suficiente para que se inicie el proceso de discriminación prosódica temprana. Los sonidos y el lenguaje que le llegan al feto están atenuados por una barrera física (el vientre de la madre); no obstante, sí que percibe aspectos importantes del lenguaje: entonación y ritmo. Las distintas lenguas tienen entonaciones y ritmos distintos. Por eso, al nacer, el bebé reconoce como familiar la voz y la lengua de la madre; prefiere estos sonidos a otros y es capaz de darse cuenta de que esta lengua suena distinta a otras.

Las principales fases en la evolución de las habilidades perceptivo-discriminativas son:

6 meses de edad gestacional: Respuesta ante la voz humana.

Nacimiento hasta los 6 meses: Discriminación entre la lengua materna y una segunda lengua.

Desde los 6 hasta los 12 meses: Si el bebé está expuesto a una sola lengua, comienza a perder las habilidades de discriminación temprana entre lenguas no familiares.

Según estas fases, el proceso de pérdida de habilidades que se observa a partir de los seis meses constituye un proceso adaptativo que permite iniciar el camino hacia la especialización o convergencia con las características de la lengua materna; es decir, en un ambiente monolingüe lo adecuado es aprender las características fonológicas de la lengua materna.

Investigaciones más detalladas (Khul, 1991, 1998, 2000) han mostrado que los bebés alrededor de los 5 o 6 meses comienzan a percibir el sistema vocálico de su lengua materna.

Como vemos, a lo largo del desarrollo existen ciertos momentos que adquieren especial relevancia como periodos óptimos para la producción de determinados aprendizajes y la mayoría de estos momentos se sitúan en los primeros años, desde prenatal. Sin embargo esto no es óbice para poder pensar que una vez que han pasado estos momentos especiales, no se puedan adquirir nuevos aprendizajes. Todo aprendizaje puede ser adquirido a lo largo de toda la vida, fuera de estos periodos óptimos, pero por norma general, ello nos conlleva más tiempo y más recursos cognitivos y sin embargo no ser tan efectivos como los dados en los momentos óptimos mencionados (Blakemore y Frith, 2005).

Precisamente, por la posibilidad de aprendizajes fuera de estos periodos óptimos es lo que ha llevado a la substitución (o re-denominación) del término periodos críticos de aprendizaje por el de períodos sensibles, para alejar la idea de exclusividad con respecto a la imposibilidad de aprendizajes, traspasados los límites de dichos periodos.

Por tanto, podemos definir los periodos sensibles como aquellos momentos en el desarrollo cerebral que vienen definidos por una elevada plasticidad cerebral en determinadas zonas cerebrales que permite que las experiencias con las que interactuamos con el ambiente produzcan conexiones permanentes, a gran escala y con profusa facilidad, entre las neuronas implicadas.

Este importantísimo desarrollo del cerebro durante los periodos sensibles dota al individuo de mayores posibilidades de aprendizajes futuros relacionados con los anteriores. Parece ser que en relación con el lenguaje, los hallazgos indican que el primer año de vida extrauterina es un periodo calificado como “extremadamente sensible” para el aprendizaje de los sonidos del habla. Dicho esto, hay que tener en cuenta que, aunque tras los primeros meses del nacimiento, los bebes son capaces de distinguir igual de bien los sonidos de cualquier idioma, al finalizar ese periodo se pierde capacidad para discriminar entre sonidos a los que no se ha sido expuesto, y adicionalmente, se aumenta la capacidad (o finura) con la que se distinguen los sonidos de la lengua materna (Cheour et al., 1998; Dehaene-Lambertz et al., 2002; Werker, 2002)

Según los autores Blakemore y Frith, aunque alguien esté expuesto a dos lenguas desde el nacimiento, sólo una de ellas llega a alcanzar el estatus de lengua materna, por lo que el bilingüismo puro, que por definición puede suponer la exacta equiparación a nivel de los aprendizajes que subyacen al dominio de una lengua y otra lengua, simplemente, no existe.

En el marco de los periodos sensibles en el aprendizaje de la lengua, momentos en los que dichos aprendizajes se producen de una manera más rápida, económica y eficiente, debemos hablar de aprendizajes de distintos componentes:

Para el aprendizaje de la fonética el periodo sensible tiene lugar durante el primer año de vida extrauterina; asimismo, también parece existir un periodo sensible para la adquisición del acento que caracteriza a un idioma y se extiende hasta los doce años de edad (lo que no quiere decir, como venimos indicando que, trascurrido el periodo sensible, sea imposible el aprendizaje, sino que se acrecientan las dificultades, haciéndolo menos efectivo),

Respecto al aprendizaje de la gramática, el periodo más eficiente abarca desde el nacimiento hasta los tres años de edad. Cabe señalar que hasta esa edad el aprendizaje gramatical se realiza con la participación casi exclusiva de estructuras cerebrales del hemisferio izquierdo y que tras ese periodo el procesamiento de la información gramatical va a requerir el concurso de zonas similares del hemisferio cerebral izquierdo, cada vez más amplias, lo que nos indica que a mayor edad del individuo el aprendizaje de la gramática va a requerir un mayor esfuerzo y, por consiguiente, una mayor actividad cerebral e implicación de mas áreas del cerebro.

Las consecuencias de todos estos descubrimientos sobre el aprendizaje del idioma dentro del ambiente en el que nacemos (lengua materna) son evidentes: hay que facilitar suficientes y variadas experiencias lingüísticas que sean garantes de los aprendizajes que convienen al correcto uso de un idioma (extensible al aprendizaje de idiomas extranjeros; cuanto antes se inicien los individuos en ellos, más fácil y eficientemente serán aprendidos).

Sabemos que el desarrollo cerebral que tiene lugar durante la infancia, en términos de aprendizaje, es extraordinario. También conocemos que este desarrollo se debe a la alta tasa metabólica y a la alta capacidad para la conectividad sináptica en estos periodos y a que, en estas edades, se establecen las conexiones básicas entre miles de neuronas que fijarán las sendas del desarrollo futuro.

Sin embargo, el desarrollo alcanzado en estos importantes y sensibles periodos, van a depender en gran medida de la estimulación ambiental en interacción con los factores genéticos; por consiguiente, se hace deseable y a la vez necesario que el individuo esté rodeado de un ambiente rico que aporte el mayor número y variedad de experiencias multisensoriales como sea posible, ya que promueve la formación de un mayor número de sinapsis y la exposición repetida a la experiencia es el mejor medio para el fortalecimiento y consolidación de las conexiones neuronales (aprendizajes), que una vez mielinizadas, estarán permanentemente operativas.

Por el contrario, los entornos pobres en estimulaciones pueden alterar el crecimiento y funcionamiento cerebral así como ser causa de retrasos en el desarrollo o un bajo rendimiento en las tareas propias de la edad. No obstante, y a pesar de que se ha encontrado que los niños que han vivido en entornos empobrecidos (bajas condiciones de alimentación, salubridad, falta de cariño y de contacto social, así como escasa estimulación sensorial), presentan una mayor probabilidad de padecer retrasos significativos en el aprendizaje del lenguaje y con la locomoción. Además, según Davies, 2002; Rutter, 2002. Rutter y O´Connor, 2004, la gravedad de estos retrasos está directamente relacionada con el tiempo transcurrido en esa situación de precariedad.

Ante la pregunta, ¿Qué políticas promovería para mejorar el aprendizaje de la lengua?, la respuesta parece obvia…

Hemos visto claramente que desde el periodo prenatal hasta el nacimiento, la responsable de ese pre-aprendizaje de timbres y entonación es la madre y el entorno familiar a través del tamiz que supone el vientre materno. También hemos comprobado que existen ciertos momentos en la vida especialmente óptimos para adquirir aprendizajes que se van a fortalecer mediante la experimentación variada y continua que hemos denominado periodos sensibles (que no críticos); Estos periodos sensibles , referidos en el entorno del aprendizaje de la lengua, son óptimos entre los 0 y 3 años, ya sea para identificar sonidos de la lengua materna o de otro idioma extranjero.

Atendiendo a la diversidad que rige hoy día en la mayoría de los países y en concreto España se debería promover, previamente la preparación al parto gratuita tanto para la madre como para el no nacido, sabiendo lo importante que es el ambiente no empobrecido en el que deben transcurrir los períodos gestacionales. Enseñanza pública y gratuita de jardines de infancia y de centros de pre-escolar para todos los niños de 0 a 3 años, procedan de donde procedan, se desarrollen en un ambiente que garanticen las condiciones de alimentación, salubridad, cariño y contacto social, así como una normal estimulación sensorial; de ese modo se garantiza un buen desarrollo futuro.

Con respecto al aprendizaje de la lengua, aprovechando al máximo los conocimientos adquiridos sobre los periodos sensibles para el aprendizaje del idioma materno y otras lenguas, hagamos una política educacional en estos centro pre-escolares donde tenga un papel relevante la fonética, sonoridad (timbre y entonación) de otras lenguas, máxime si tenemos en cuenta que nuestro país tiene una extensa variedad de lenguas (ya que el acento característico de nuestro entorno siempre se establecerá como prioritario, en el contexto también prioritario de lo que consideramos lengua materna).

Hoy por hoy, cada Comunidad Autónoma de nuestro país tienen transferidas (y por tanto adquiridas) competencias en materia de educación, por lo que estamos comprobando como, cada vez más, proliferan escuelas donde la enseñanza de la lengua no se limita al castellano, como lengua materna sino que adicionalmente se imparten clases de la lengua autonómica, así como el tercer idioma extranjero, que hasta hace poco era el inglés, considerada como lengua de comunicación internacional, pero que cada vez más, tanto por razones de inmigración multicultural, como de emigración por causas laborales por ausencia de trabajo y/o crisis económica en el país de origen, estas clases de lengua extranjera se han extendido a otros idiomas como el alemán, el chino, el francés o el árabe.

A.Rios




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