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Curso presencial de Psicoterapia en Madrid

El curso presencial de psicoterapia en Madrid está dirigido a todos los profesionales que trabajan en el ámbito de la intervención interesados en mantener una formación continua. Los talleres están abiertos tanto a los alumnos noveles como a aquellos terapeutas avanzados en conocimiento y experiencia.

Lo novedoso del enfoque que proponemos consiste en la presentación de una meta-visión de las diferentes problemáticas humanas distinta a las que habitualmente maneja el pensamiento dominante actual en psicoterapia

Esta profesión, tan difícil como apasionante, precisa que desarrollemos nuestra capacidad de representarnos diferentes niveles de lectura, para descubrir los distintos escenarios que emergen en la complejidad de la clínica. Es importante conocer los diferentes niveles de lógica a emplear frente al universo que se abre en sesión. Comprender en qué lugares de observación nos podemos situar ayudará a recoger la información más importante para elaborar las primeras hipótesis de trabajo.

No podemos ignorar que la principal herramienta de intervención en psicoterapia es el propio terapeuta. Los talleres que proponemos están pensados para las personas conscientes de este hecho, dispuestas a reflexionar sobre la manera en que habitualmente realizan sus reflexiones.

La ideología y las creencias cristalizadas sobre las definiciones de los conceptos que manejamos en el ámbito de la psicología tienen diferentes consecuencias en nuestro trabajo; tanto en la construcción del territorio terapéutico como en el desarrollo de los casos.

La finalidad última de esta formación es que el alumno pueda trabajar desde el mayor espíritu de libertad posible, preservando su curiosidad y su neutralidad, y disponiendo de diferentes grados de abstracción en su propia psicología, para no caer en los puntos ciegos y los embudos conceptuales ante la compleja realidad humana que se nos presenta en sesión.

Curso presencial de Psicoterapia en Madrid

Información y reservas

Tl 696957561

CONTENIDOS DEL CURSO

El Rol del terapeuta

Modelos epistemológicos de intervención en psicoterapia

Abordajes circulares y constructivistas

Los puntos ciegos del terapeuta

La construcción del espacio terapéutico

La construcción de la patología

La neutralidad

La observación

El encuadre

Comunicación y meta-comunicación

Relaciones y pertenencias

Las dimensiones de la patología

Proceso constituyente de la identidad humana

El lenguaje de los síntomas

Patologías severas

Modelos de crisis y cambio

Diagnóstico intrapsíquico y contextual

Patología y comunicación

Narcisismo

Mecanismos de defensa

La construcción de hipótesis de caso

Técnicas de trabajo

Infancia y adolescencia

Estructuras de la personalidad

Introducción a la terapia de familia y pareja

Esquizofrenia

Anorexia y bulimia

Adicciones

Violencia familiar

Suicidio

Violencia

Trastornos de la personalidad

La familia de origen del terapeuta

Estudio y seguimiento de casos

Curso Psicoterapia Gestalt en Madrid

El curso de Psicoterapia Gestalt en Madrid está dirigido a todos los profesionales de la psicología interesados en profundizar en aquellos aspectos personales y relacionales que faciliten su trabajo en el ámbito de la intervención con pacientes.

Durante los talleres presentaremos las principales aproximaciones teóricas del modelo gestáltico, así como sus principales herramientas de trabajo. Se pondrá especial hincapié en la adquisición de un rol profesional que facilite al alumno trabajar desde un lugar de confort, libre de juicios, que le permita preservar su curiosidad y su libertad durante el desarrollo de la profesión.

No se trata solo de aprender las teorías sin más. La formación en Psicoterapia Gestalt está pensada para alumnos interesados en el propio desarrollo personal, en la adquisición de un mayor conocimiento, pero también de un mayor auto-conocimiento, para aprender a aprovechar y manejar, tanto sus propias sensaciones y emociones en sesión, como su propia ideología.

Los talleres de psicoterapia Gestalt son, por tanto, participativos y vivenciales. Durante esta formación trataremos de descubrir qué tipo de caso y qué tipo de paciente le supondrá a cada uno un mayor desafío. Trabajaremos sobre las diferentes maneras de recoger y seleccionar la información que nos da el paciente para poder elaborar las hipótesis adecuadas, y elegir las estrategias de intervención.

Durante la sesión clínica el terapeuta va construyendo un rol profesional que le permite preservar una zona de confort dentro de las posibles interacciones con su paciente. Para ello es necesario un entrenamiento mental y emocional que facilite ir edificando técnicas y estrategias de interacción, que mantengan el espacio terapéutico lo más limpio posible de sesgos personales (juicios de valor, reactividad emocional, etcétera) para que el paciente pueda tener un espacio de libertad que le ayude a transitar por su propio proceso de cambio.

Para poder trabajar todas nuestras fortalezas y debilidades es necesario que los grupos de formación sean reducidos en número, para que el clima de trabajo se desarrolle en un ambiente de calidez y respeto. El primer compromiso del grupo es conseguir un territorio de apoyo donde sea posible avanzar en u mayor auto-conocimiento personal, que permita al terapeuta disponer de espacio para desarrollar su flexibilidad mental y su creatividad.

Esta formación está destinada a intervinientes dispuestos a reservar un espacio para la reflexión, donde poder cuestionarnos algunas ideas que todos tenemos sobre la terapia.

Para más información llamar al teléfono 690990120

Autoestima

autoestimaLa autoestima es la consecuencia emocional que surge de la representación que un individuo mantiene sobre sí mismo, es decir, sobre el juicio de valoración de sus rasgos personales.

En función de los acontecimientos vividos, este sentimiento puede fluctuar desde un autoconcepto elevado hasta una visión personal desvalorizada, que define lo que conocemos como baja autoestima.

¿De qué depende la autoestima?

Existen muchos factores que determinan la percepción que sostenemos de nuestra valía personal. Es más sencillo mantener una autoestima alta cuando nos sentimos respetados, queridos y útiles. 

No hay que olvidar que en ocasiones nos vemos como nos ven los demás. El hecho de que mantengamos una idea más o menos positiva de quiénes somos también está en función de las actitudes externas; de si encajamos o no en las definiciones (a veces implícitas) que los otros dan sobre qué es adecuado. Pero sobre todo en el trato que recibimos de los demás.




Autoconocimiento

autoconocimientoEl autoconocimiento es la base para edificar una identidad sólida y una sana autoestima. Los seres humanos precisamos saber quiénes somos para poder caminar con seguridad en la vida y sentirnos propietarios de nuestro destino.

Conocerse a uno mismo es un compromiso de introspección, una estrategia que requiere estar atentos al ambiente que nos rodea. No se trata de aislarse, ni de mirar para dentro todo el rato. El hombre es en relación. Uno se conoce en función de cómo se relaciona consigo mismo y con todos los demás elementos del ambiente, incluidas personas, ideas, sentimientos, etcétera.

El autoconocimiento ha de servir para incrementar nuestra capacidad de vivir en el aquí y en el ahora con mayor consciencia. Desarrollar esta habilidad precisa la observación en cinco áreas:

Emoción y motivación

El primer paso para comprender quiénes somos es saber cómo nos sentimos. El conocimiento de las propias emociones y motivaciones facilita la consciencia de los actos y permite la libertad de elegir nuevas estrategias de actuación

Rasgos de personalidad

El conocimiento de los rasgos de personalidad es importante para elaborar la integración, conseguir la auto-aceptación y  permitir el cambio. Habitualmente, la forma en que nos tratamos a nosotros mismos es la misma que hacemos con el otro.

Competencias

La conquista en el desarrollo de las propias competencias es un camino que ayuda a construir un autoconcepto equilibrado y una sana autoestima. No somos perfectos, sólo perfeccionables

Necesidades y deseos

El conocimiento de las propias necesidades profundas y los deseos ayuda a dar sentido a nuestros actos.

El cuerpo

El cuerpo es otra vía para adquirir autoconocimiento. Él nunca miente, sólo tiene su propio lenguaje. A veces nos habla a través de sus síntomas (tensiones, cefaleas, respiración…) y nos manda mensajes sobre cómo estamos, qué nos pasa y qué necesitamos. Mensajes que muchas veces no aprendimos a escuchar.




Los sentimientos de culpa

la culpaLos sentimientos de culpa son viejos compañeros de la raza humana. Para entender qué es la culpa, podemos situarnos en varios niveles lógicos de lectura. Si tomamos como unidad de observación al individuo aislado, esto nos obliga a dar una descripción intra -psíquica del asunto. En este sentido Sigmund Freud dio una interesante definición. Los sentimientos de culpa , dijo, emergen por la distancia entre el superyó y las pulsiones. En términos sencillos; entre lo que deseamos y lo que nos prohíbe la norma social que hemos interiorizado durante el proceso de aculturación. Esta idea, totalmente cierta, explica las duras guerras internas que muchas personas mantienen consigo mismas. Pero si abrimos un poco el objetivo, vemos que la culpa también es una forma de vinculación entre dos o más personas, a veces, todo un estilo de relación.

Desde esta óptica, la angustia de culpa se produce por dos motivos; cuando los deseos propios distan demasiado de los ajenos, y cuando alguien cometió un error. En el primer caso estamos frente a una problemática simple pero compleja, fundamentada en una dura realidad; que en muchas situaciones es imposible satisfacer las necesidades propias y las ajenas al mismo tiempo. Por ese motivo se suele inferir que la otra cara de la moneda de la culpa es el enfado. Los sentimientos de culpa cursan con sentimientos de rabia (más o menos conscientes) y construyen relaciones de conflicto, a veces encubierto, como cuando se expresa la hostilidad con el látigo de la indiferencia, otras veces explícitos, como cuando el campo de batalla es muy visible y la culpa el arma arrojadiza que va pasando, como una patata caliente, desde los unos a los otros. En resumen, cuando los acontecimientos no coinciden con los deseo o alguien no hizo lo correcto empieza la rueda;  “tu deberías haber hecho esto o o deberías haber hecho aquello”

Los conflictos anudados por la culpa siempre cursan con una confluencia; una falta de diferenciación entre dos identidades; una mala gestión de los límites que fabrica una guerra, donde existe una necesidad de distanciamiento a la par que un deseo de reconocimiento. La culpa, entonces, es el mecanismo que impide la separación entre dos personas que, por el momento, no encuentran una forma mas amorosa de vincularse. Pero aclaremos que cuando decimos “separación” nos estamos refiriendo a la capacidad de tomar la distancia necesaria para permitir que la relación puede re-definirse en otra dirección, de manera que el vínculo encuentre otras vías más creativas, más íntimas, más satisfactorias de proyectarse en el futuro.

Si ahora nos colocamos en otro orden lógico, vemos que la culpan también sirve para congelar el tiempo. Pero, ¿cómo funciona esto? Es fácil. Sólo hay que saber que los sentimientos de culpa también se relacionan con el sentimiento de deuda, y que estos dificultan la posibilidad de decir “No” Podemos ver cómo funciona este fenómeno si lo relacionamos con dos modelos educativos, o mejor dicho, con dos modelos parentales: el modelo autoritario y modelo “amoroso” En el primer caso el mensaje es muy claro “Yo soy el que mando y tu te sometes” Esta es, desde luego, una buena estrategia, aunque costosa desde el punto de vista de que obliga al que ostenta el poder a mantener un control sobre el subordinado, y además, está mal vista. El estilo “amoroso”, sin embargo, no precisa tanto gasto, ni violencia, ni represión. No hace falta. La culpa es el elemento que impide la rebelión. “¿Cómo vas a irte?” “¿Cómo no vas a pasar estas vacaciones con nosotros?” Y entonces el otro piensa “es cierto, no puedo negarles nada, no puedo alejarme…les debo tanto…se sacrificaron tanto… Soy un egoísta por solo pensarlo. Da igual. Otro verano en la playa con mis padres” Estas reflexiones nos llevan a otra definición; La culpa es el mecanismo homeostático que impide un cambio en el sistema, en este caso, una crisis familiar con motivo del proceso de individuación del hijo.

Ahora bien, si abrimos un poco más el zoom descubrimos que la culpa también es una estrategia de alienación social. Sembrar la culpa representa una magnífica forma de manipulación. Pero cuidado. Esto hay que hacerlo con cabeza, para que no se note que queremos obligar al otro a realizar los comportamientos que nos interesan. No. Con la culpa no hace falta recurrir a la represión ni al castigo. ¿Para qué? La culpa es una forma de invertir el asunto, de ofrecerle al otro la posibilidad de que se fustigue con su propio látigo. Existen dos vías básicas para conseguir esto; una es apelando a la responsabilidad y consiste, por ejemplo, en decir al empleado que es libre en la flexibilidad de horario, mientras le llenamos la mesa de trabajo. Otra, es construir un paradoja para que el individuo vea limitado su deseo. ¿Cómo se hace esto?. Es sencillo, se le puede pedir algo imposible para fabricar una parálisis, por ejemplo, se le prescribe un mandamiento como: “ no consentirás pensamientos ni deseos impuros” Entonces, cuando coincida con la mujer del vecino en el ascensor y su respiración se corte y su corazón se acelere, pesará lo débil que es, y lo culpable que se siente por no ser capaz de contener su propio cuerpo.

En resumen, enseñar a las personas a culpabilizarse es una forma barata y pacífica de mantener nuestro poder. Ah, se me olvidaba, para no parecer tan negativo quiero dar otra definición más. La quiero llamar la definición ingenua de la culpa y consiste en considerarla como el sentimiento que regula los malos actos, para preservarnos de caer en una baja auto-estima como consecuencia de trasgredir el código ético que triangula los vínculos entre las personas. Aunque en este sentido no sé si funciona muy bien, porque, como dijo una vez la maestra Norma Mollot “los verdaderos culpables, en realidad, nunca sienten culpa”




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