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Tristeza

triste La tristeza es un sentimiento que coge todo el ser, provocando la caída del estado de ánimo, Y una sensación de pesar que se experimenta en el cuerpo, que se hace lento, y en la mente, que se llena de pensamientos oscuros.

Las funciones de la tristeza son facilitar la introspección y el recogimiento, reduciendo los estímulos del ambiente, facilitando la retirada a instancias internas donde restaurar el ser, reduciendo la atención focalizada en el entorno para centrarla sobre uno mismo.

La tristeza puede sobrevenir tras haber sufrido alguna pérdida personal (amor, trabajo, estatus, sueños…) en cuyo caso puede que forme parte de una de las fases del duelo por las que las personas atravesamos en estos casos.

Quizás la tristeza esté provocada por la caída de un ideal, que manteníamos,  sobre otra persona, o incluso sobre nosotros mismos.

La tristeza, en ocasiones, cursa con sentimientos de soledad, otras veces, tras una decepción, la tristeza nos transporta a un lugar de nuestro pasado donde las cosas iban mejor y se transforma en nostalgia.

Uno de los recursos más eficaces de los que dispone nuestro organismo para aliviar la tristeza es el llanto. Otro es la ira. La tristeza disimula con frecuencia una gran indignación y un gran enfado. A muchas personas que les cuesta la emoción del enfado se van con frecuencia a la tristeza, y cuando se permiten enfadarse la tristeza se va transformando.

Hay personas que sienten la tristeza como una parte de su identidad personal, como en el caso de aquellos que se criaron con un adulto que solía vivir en espíritu de tristeza. Son tristezas lejanas, familiares, que nos hacen sufrir porque no las entendemos, como cuando por protección se nos ocultaron los hechos que las desencadenaron. En estos casos la tristeza es parte de un legado en el que fuimos inscritos por identificación.




Soledad

La Soledad

La soledad es el sentimiento que surge tras la percepción de no formar parte de nada ni de nadie, de que algo en el interior está vacío, aislado, sin sentido de pertenencia.

Las personas que experimentan soledad describen una sensación de estar desconectadas del mundo, sin rumbo, con una vida carente de sentido, sin posibilidades de poder identificarse con los demás.

En realidad, a nadie le gusta este tipo de soledad que aparece, generalmente, tras sufrir la pérdida de un vínculo significativo. Este estado del espíritu, suele representar una cárcel, cuando no es elegido, y vivirse con especial angustia.

Por otra parte, existe la soledad buscada, como retiro elegido durante un tiempo, para reflexionar y hacer una introspección; un repaso de las necesidades profundas. Cuando representa un refugio temporal, para elaborar las fases del duelo, por ejemplo, y preparar el camino a lo nuevo, la soledad es una compañera aceptada, que ayuda a obtener un mayor autoconocimiento

La soledad también es una parte del territorio a atravesar durante una crisis de identidad, una oportunidad para reafirmar las diferencias que nos hacen únicos. Sigmund Freud, por ejemplo, pasó por ese desierto, a consecuencia de sus reflexiones sobre el ser humano, que para nada coincidían con la ideología social de la época. Esto motivó cierta exclusión por parte de sus coetáneos de profesión y, más tarde, la decisión de Adolf Hitler, que mandó quemar todos sus libros.

El ser humano es sociable por naturaleza y desde el origen de los tiempos se constituyó en grupos para sobrevivir, no sólo física sino psicológicamente. La exclusión en las tribus, por ejemplo, era a menudo motivo directo de suicidio. Sin lazos de solidaridad el ser humano se siente más indefenso y resiste menos el estrés. Uno, cuando se sabe apoyado por los suyos camina de otra forma por la vida y tiene una certeza más profunda de la propia identidad.

En las sociedades actuales, que llamamos avanzadas, la soledad es una epidemia. En nuestra ideología individualista, mostrarse necesitado de afecto y apoyo es poco menos que un síntoma de debilidad, cuando, paradójicamente, la sensación de debilidad es justo la consecuencia de estar solo.

La soledad actual es, en gran parte, consecuencia de un sistema generado hace no muchas décadas, donde los valores de colaboración y solidaridad se fueron cambiando por la competición y la ambición desmesurada y, donde se fomentó la creencia de que las personas son entes aislados que pueden sobrevivir animicamente, en desconexión con su entorno, sin perder por ello  la sensación de existencia.

Esto ha provocado que los individuos más fríos e insensibles parezcan los mejor adaptados, y que otros seres humanos, de incalculable valor, se sientan solos en el mundo, y se pregunten ¿Dónde están los míos? ¿En quién puedo confiar?

Algunos, que ya tenemos una edad, aún recordamos, por ejemplo, lo que antes representaba el barrio, la pandilla, la familia… Otros, un día, de repente descubren que no son Superman, ni Batman, ni el Capitán América. Al menos nuestro Capitán Trueno contaba con Goliath, Crispín y su preciosa novia Sigrid. Él sabía muy bien que del vínculo nacían los mejores sentimientos de seguridad, orgullo, existencia y libertad.




Fases del Duelo

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Las Fases del Duelo más frecuentes por las que pasa un ser humano tras la trágica experiencia de sufrir una pérdida personal (divorcio, salud, trabajo, amistad, muerte de un ser querido, etc) no son muy distintas de unas personas a otras.

Las cinco Fases de un Duelo son:

LA FASE DE NEGACIÓN

La primera reacción de una persona que sufre una pérdida  es levantar sus primeros mecanismos de defensa para postergar, aunque sea un poco, el impacto de la agresión que la noticia necesariamente implica.

Esta primera barrera defensiva lo lleva a decir y sentir: no quiero, no puede ser, debe de ser un error. La persona se convence de que ha habido una equivocación.

La negación es un mecanismos de defensa que nos acompañaba a lo largo de toda nuestra vida y ante la noticia de una pérdida se hace presente para conceder una tregua entre la psiquis y la realidad.

En la negación existe una búsqueda desesperada del tiempo necesario para pensar en el futuro de manera más serena, tomando distancia temporal de lo que sucede, buscando una más saludable adaptación al evento que apareció demasiado abruptamente. La negación es un verdadero intento de amortiguar el efecto del primer impacto.

 

Fase del dueloLA FASE DE NEGOCIACIÓN CON LA REALIDAD

Esta Fase del Duelo refiere a la persona al pensamiento mágico más primitivo. Aparecen las ideas de negociar la realidad.Se piensa en hacer un trato con la vida, con Dios, con el diablo, con el médico, si la pérdida es de salud.La negociación es una nueva conducta defensiva que trata de evitar lo inaceptable; un canje que pretende restitución a cambio de buena conducta. La gran mayoría de estos pactos son secretos y sólo quienes los hacen tienen conciencia de ello.

LA FASE DE DEPRESIÓN

Finalmente todos los pasos anteriores se agotan y fracasan en el intento de alejarnos de la realidad.

La depresión suele aparece con sentimientos de angustia e ideas circulares y negativas. Lo particular en este caso es que estas ideas no son sólo la causa de la depresión sino también y sobre todo su consecuencia. La depresión es más bien el resultado de la conciencia de lo ya perdido.

Por supuesto que, como es predecible, esta etapa se resuelve más rápidamente cuando la persona encuentra el coraje y el entorno donde poder expresar la profundidad de su angustia y recibir la contención que necesita frente sus temores y fantasías.

La depresión es la fase del duelo donde más se atascan las personas. Pero hay una emoción que según nos permitimos expresar nos va sacando poco a poco de los síntomas depresivos, y esta emoción es la ira.

Artículos de Psicología sobre las Fases del Duelo

LA FASE DE LA IRA

Cuando la persona ve por fin la realidad, intenta todavía rebelarse contra ella, y entonces sus preguntas y sentimientos cambian. Nacen otras preguntas: porque yo, porque ahora, no es justo, y aparece el enojo con la vida, con Dios y con el mundo.

En ocasiones la persona expresa una ira que inunda todo a su alrededor; nada le parece bien, nada le conforma, y su corazón rezuma dolor, odio y rencor. Y aunque parezca mentira, su autoestima atropellada por la realidad se da cuenta de que lo que necesita, y es verdad, es expresar su rabia para poder liberarse de ella.

 

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LA FASE DE ACEPTACIÓN

Llegar aquí requiere que la persona haya tenido el acompañamiento y el tiempo necesarios para superar las fases anteriores. La aceptación solamente aparece cuando la persona ha podido elaborar su ansiedad y su cólera, ha resuelto sus asuntos incompletos y ha podido abandonar la postura auto discapacitada ante la depresión.

Sea como fuere y más allá de cuánto se tardó en llegar hasta aquí y cuánto esfuerzo haya demandado, a esta etapa se llega casi siempre muy débil y cansado. Esto se debe al esfuerzo de renunciar a una realidad que ya no es posible. Ahora, como regla general, uno prefiere estar solo, preparándose para su futuro, y hacer evaluación sobre el balance de su vida; una experiencia que siempre es personal y privada.

                                                                        Las personas que llegan a esta etapa de aceptación suelen conquistar en su interior, por fin, un remanso de paz.




Baja autoestima

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La baja autoestima se define como la dificultad que tiene la persona para sentirse valiosa en lo profundo de sí misma, y por tanto digna de ser amada por los demás.

Las personas con autoestima baja buscan, a veces sin ser muy conscientes de ello, la aprobación y el reconocimiento de los demás y suelen tener dificultad para ser ellas mismas y poder expresar con libertad aquello que piensan, sienten y necesitan en sus relaciones interpersonales, así como para poder decir “no” al otro sin sentirse mal por ello.

En ocasiones las personas que esconden en su interior sentimientos de baja autoestima, suelen ocultárselos a sí mismas mediante el uso de diferentes  mecanismos de defensa, (negación, intelectualización, fantasía, etcétera) incluso haber creado a su alrededor una coraza defensiva, para protegerse de la amenaza (a menudo fantaseada) frente a posibles rechazos sociales, incluso a críticas personales u opiniones que cuestionen sus creencias.

Las personas con Baja Autoestima suelen experimentar ansiedad ante situaciones de intimidad y afectivas. Esto de debe a la dificultad que experimentan a la hora de sentirse seguras y espontáneas en sus relaciones interpersonales.

 

Las causas que explican una Baja Autoestima (más o menos reconocida por la persona) son muy variables y numerosas, por lo que durante la Psicoterapia se hace necesaria la construcción de hipótesis sobre los motivos que desencadenaron estos sentimientos.

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La depresión es un trastorno del estado de ánimo, cuya principal función psicológica consiste en la retirada de la atención sobre el medio ambiente, para procurar un espacio de recogimiento desde donde poder reparar el espíritu dañado.

Esta vieja compañera de viaje ha estado presente en la historia de la humanidad desde tiempos inmemoriales. Algunos síntomas de la depresión, como la inhibición y la tristeza, ya fueron descritos en el siglo IV a.C por Hipócrates. Su coetáneo, Aristóteles, relacionó estos estados melancólicos con personas especialmente sensibles e inteligentes.

Los estados depresivos que presenta cada persona varían en gravedad, dependiendo del tiempo que se lleva deprimida, de las parcelas de su vida afectadas,  de los apoyos sociales con los que cuenta, o del número de síntomas y el grado de malestar percibido.

La depresión cursa con una variada sintomatología. De hecho pueden describirse cinco tipos distintos de síntomas:

SÍNTOMAS ANÍMICOS:

  • Tristeza
  • Angustia y ansiedad
  • Sensación de vacío
  • Irritabilidad y nerviosismo
  • Sentimientos de vacío, de soledad, de desarraigo.
  • Sentimientos de abandono, de no ser comprendido/a, o de no ser querido/a
  • En ocasiones embotamiento emocional; incapacidad para conectar con los sentimientos y dificultad para poder llorar.
  • Baja autoestima y en ocasiones sentimientos de culpa.

SÍNTOMAS MOTIVACIONALES:

  • Disminución del deseo y la capacidad de gozo
  • Apatía e indiferencia
  • Pérdida de interés generalizada

SÍNTOMAS FÍSICOS:

  • Fatiga, periodos de agitación, cansancio físico
  • Alteraciones en la alimentación; falta de apetito, o lo contrario; voracidad
  • Problemas con el sueño, tanto por exceso como por defecto
  • Molestias corporales difusas como dolores, nauseas, estreñimiento, micción dolorosa.

SÍNTOMAS SOCIALES

  • Deterioro de las relaciones con los demás
  • Disminución del interés por la gente
  • Aislamiento afectivo.

SÍNTOMAS COGNITIVOS:

  • Déficit en la capacidad de concentrarse y a veces problemas de memoria.
  • Valoración negativa de casi todo
  • Ideas sobre la muerte.

Los estados depresivos que presenta cada persona varían en gravedad, dependiendo del tiempo que se lleva deprimida, de las parcelas de su vida afectadas,  de los apoyos sociales con los que cuenta, o del número de síntomas y el grado de malestar percibido.

CAUSAS DE LA DEPRESIÓN

Algunos estados depresivos aparecen tras prolongarse en el tiempo una situación aversiva que parece no resolverse jamás, mientras que otros pueden estar asociadas a las Fases del Duelo por las que la persona atraviesa tras haber vivido una pérdida personal importante.

Una depresión puede sobrevenir tras el derrumbe de expectativas e ideales que siempre se tuvieron. En ocasiones después de esfumarse un sueño largamente perseguido, en otras por un acontecimiento (divorcio, despido…) que hizo tambalearse la identidad personal. Otras veces cuando algo está impidiendo la emergencia del propio deseo o la persona se encuentra escindida de su libertad, incluso como consecuencia de sentimientos de abandono y soledad.

En realidad las causas de la depresión pueden ser muy diversas. Muchas veces la persona no conoce exactamente el motivo por el que se encuentra deprimida, pues tras este estado suelen esconderse otros sentimientos que por el momento no pueden ser vividos y expresados, y que cuando afloran durante el trascurso de la terapia hacen que los síntomas depresivos comiencen a remitir.

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