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Tipos de Personalidad

tipos de personalidadExisten muchos tipos de personalidad diferentes. 400 anos antes de Cristo, Hipócrates ya describía cuatro tipos de temperamento:

Sanguíneo; de humor variable

Melancólico; Triste y soñador

Colérico; impulsivo y voluntarioso

Flemático; apático y frío

Pero no es hasta mucho después, en 1769, cuando el Doctor William Cullen, describe por primera vez la neurosis. Más tarde, Sigmund Freud, desarrolló este término y estudió sus principales implicaciones en la vida. Actualmente, las dos estructuras básicas de personalidad que describe la psicología clínica son:

  • Personalidad Neurótica; con tendencia a usar mecanismos de defensa para desconectarse del presente, aunque sin sufrir pérdida de realidad.
  • Personalidad Psicótica; con severas dificultades para construir su identidad, y grandes posibilidades de sufrir pérdidas de realidad, como alucinaciones o delirios.

Otro tipo de personalidades, tienen que ver más con el momento del desarrollo en el que se quedaron congeladas y se refiere a la manera en que se conducen en sus relaciones inter-personales, como por ejemplo, la clásica personalidad narcisista, que asegura no necesitar a nadie, o la dependiente, que no puede vivir sin el otro, y define sus relaciones de una forma casi oceánica, sin límites claros, mientras otras, como la paranoide, precisa una distancia demasiado grande, como le ocurre a la antisocial, que tampoco puede permitirse el lujo de confiar en el otro.

Otras, en cambio, son capaces de relacionarse desde el mismo plano de igualdad, de permitir la intimidad, siendo cercanas, como las denominadas personalidades sanas, ricas en pertenencias, que cuentan con una buena autoestima. A estas últimas, espontáneas y comunicadoras, también se les ha denominado empáticas o extrovertidas, frente a las introvertidas, que prefieren se prudentes y reservadas.

Existen otro tipo de personalidades , otras clasificaciones,basadas en la manera en que las personas nos relacionamos con nuestras propias emociones, como las racionalizadoras, que se divorcian de ellas, permaneciendo sólo en la cabeza, o las histriónicas, que parecen vivir inmersas en ellas. Una de estas emociones, como el miedo, también establece todo un patrón de conducta, como sucede con las personalidades evitadoras, que se paralizan frente a él, manteniendo una actitud fóbica, mientras otras, como las contra-fóbicas o impulsivas, se colocan en la reactividad para ni siquiera sentirlo.

Si pensamos en la manera en que podemos aftrontar los propios defectos, tenemos que referirnos a las personalidades perfecionistas, cuya permanente auto-exigencia no les permite siquiera representarselos, como sucede con las proyectivas, que tampoco lo hacen, y optan por echar fuera de sí todos los balones.

Si pensamos en cómo nos relacionamos con el propio cuerpo, tenemos a esas personas que se perciben siempre enfermas, como las hipocondríacas o las somatizadoras, que encuentran una explicación fisiológica a un sufrimiento psicológico. Podemos por tanto, ser más o menos capaces de encarar la realidad, o buscar estrategias para aliviar el instante presente, como la personalidad fantasiosa, que construye su pequeño refugio en un universo propio, o las represivas, que envían directamente al inconsciente todo el contenido inaceptable.

La psicología, se ha ocupado de definir todos estos tipos de personalidades, pero la vida nunca es una foto fija, y existe, por tanto, una posibilidad de cambio, aunque en ocasiones no sea tan fácil, y precise de atravesar una crisis de identidad, para descubrir nuevas formas de encuentro humano. En ese viaje, es importante descubrir las propias resiliencias, pero no lo es menos encontrar los apoyos externos. A veces, las nuevas experiencias pueden confirman nuestra idea maldita del mundo o ayudarnos a descubrir otra realidad posible. Un determinado contexto, por ejemplo, puede volvernos aún más paranoides de lo que ya somos, o al contrario, demostrarnos que es posible confiar por fin.

Pero existen personas impermeables a la experiencia, incapaces de construir nuevos escenarios que les liberen de las creencias aprendidas. Cuando los aspectos del individuo se hacen rígidos y pierden la capacidad de actualizarse en relación con las nuevas demandas de la vida y las nuevas necesidades, nos encontramos frente a los denominados trastornos de la personalidad, que reproducen los mismos patrones a lo largo del tiempo, sin modificar un ápice sus posturas, sus creencias, sus formas de relacionarse. Se trata de estructuras que encontraron muy buenos motivos para ser como son. Estos individuos también reúnen ciertas características comunes, como son la baja conciencia de sus emociones, de sus necesidades, y una rigidez comportamental, que supone una servidumbre, cuando han perdido la libertad para vivir el presente de una forma creativa y espontánea, y la posibilidad de buscar nuevos caminos de crecimiento personal.

F.S.Estaire




Personalidad Controladora

Persona ControladoraLa personalidad controladora es aquella que teme la más mínima desviación de sus expectativas y trata de evitar a toda costa un temor figurado a base de estar encima de cualquier suceso o persona.

El controlador/a se encuentra hiper-sensibilizado/a ante cualquier cambio de su ambiente, que vive como una potencial amenaza. El control se considera un mecanismo de defensa cuando pasa a ser una tendencia habitual que obstaculiza la fluidez de la experiencia por temor a posibles consecuencias imaginadas. Este mecanismo es muy habitual en la paranoia

La necesidad de control emocional, tanto propio como ajeno, es uno de los rasgos principales del trastorno obsesivo compulsivo de la personalidad.

Mecanismos de Defensa




Impulsividad

ImpulsivoLa impulsividad o conducta impulsiva es un mecanismo de defensa que evita el que la persona se pare a reflexionar sobre los aspectos y motivaciones de su comportamiento y, por lo tanto, frente a las emociones que estos le generan.

Un ejemplo de comportamiento impulsivo puede ser el acto de abandonar una relación por temor al abandono, o las compras compulsivas, o las adicciones. El individuo impulsivo no se para a sentir ni a pensar, solo se muestra reactivo para evitar reconocerse a sí mismo qué está pasando de verdad.

La personalidad Impulsiva también se caracteriza por la dificultad para aceptar los límites y por una baja tolerancia al estrés y la frustración. No es capaz, por ejemplo, de escuchar los miedos que pueden aparecer tras sus deseos, y se vuelve contra-fóbica, para no tener que soportar esa emoción.

Otras veces, la impulsividad es una estrategia para paliar la angustia, como sucede en el caso del trastorno límite de la personalidad, que sólo puede reaccionar, para salvarse de los sentimientos de vacío interior, cuando el mundo se torna amenazador y decepcionante.

Mecanismos de Defensa




Pasivo Agresivo

Conducta Pasiva AgresivaEl individuo pasivo agresivo es aquel que muestra su frustración de forma encubierta, haciendo agresiones indirectas y no asertivas, por ejemplo, colocándose la máscara de sumisión, no contestando a las preguntas, haciendo esperar a propósito. El pasivo agresivo realiza conductas de castigo disimuladamente. La conducta pasivo agresiva también se considera un mecanismo de defensa que sirve para evitar expresar  el resentimiento y la  hostilidad que se siente de forma abierta y directa. Esta forma de conducta impide que los conflictos se resuelvan y las relaciones se actualicen y redefinan hacia la salud y la confianza.

Mecanismos de Defensa




Perfeccionista

Perfeccionismo

La personalidad perfeccionista vive con mucha ansiedad la idea de cometer errores, de no llegar a alcanzar un ideal perfecto, y a menudo alberga dudas sobre su identidad. Al igual que el narcisista, sostiene una idea de su autoestima basada en la polaridad todo-nada, donde no acepta la mediocridad, (lo que pertenece a la zona del medio) es decir, los matices de gris. Esta característica también la comparte el trastorno obsesivo-compulsivo.

Detrás del/la perfeccionista suelen encontrarse ideas de inadecuación, a menudo parapetadas tras en uso de mecanismos de defensa, ideas de que  nada será suficiente, de que haga lo que haga nunca llegará a obtener verdadera satisfacción y reconocimiento.

Estas personas se enfrentan a un problema lógico; cuando decimos a alguien “tienes que ser perfecto” lo metemos en una paradoja paralizante, esto es, la imposibilidad de conciliar dos realidades, que son: a) ser perfecto es no cometer errores y b) para perfeccionarse hay que cometer errores.

Todo aprendizaje requiere del ensayo y del error. Los experimentos en psicología demuestran que cuando la rata ha de buscar su trozo de queso en el laberinto lo que realmente aprende es a discriminar los caminos por los que “no era”. La rata solo puede alcanzar su objetivo desechando los intentos fallidos, hasta que a base de tentativas falladas llega por fin a la comida. Es decir, solo aprende de sus errores. ¿Acaso no nos sucede a los seres humanos algo parecido?

La sabiduría de un hombre puede medirse por el número de errores acumulados; si cometió pocos errores nunca aprendió nada. Uno aprende a dar en la diana recalibrando los fallos, reconociéndolos y aprendiendo de ellos. El problema del perfeccionismo radica en el miedo a intentarlo. Si he de ser perfecto, es decir, si no puedo cometer errores, entonces mejor ni lo intento. Creer en el perfeccionismo es cometer un error de enfoque. La perfección no existe, solo existe el perfeccionamiento, es decir, la capacidad de ser capaz de equivocarse.




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