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Trastorno obsesivo-compulsivo

TOCEl trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es una estructura de funcionamiento que se caracteriza por ser rígida en sus actos y creencias. Su lógica es inflexible, porque es incapaz de representarse algo inadecuado o equivocado en su criterio. Se suscribe a las normas establecidas y sigue las reglas de manera escrupulosa, sin cuestionarse otra posibilidad, ni incluir sus propios deseos. Se aferra a las tradiciones y los valores de manera dogmática, hasta el punto que se encuentra encorsetada en lo que piensa que “debería de ser y sentir”, por encima de los que realmente siente y necesita. En estas personas prima lo racional sobre lo emotivo, y la espontaneidad es algo que nunca se autorizan. A veces, cualquier desvío de la rutina, les ocasiona angustia y malestar, y la necesidad de intimidad con el otro parece no formar parte de su consciencia. En lo laboral y profesional, pueden ser concienzudas y eficaces, pero en lo emocional son reservados y distantes.

Las personas con trastorno obsesivo-compulsivo tienen mucha dificultad para creer firmemente en lo que sienten, por lo que pueden llegar a desarrollar la denominada “personalidad como si”, que escenifica las emociones cuando considera que son adecuadas al momento. En una fiesta, por ejemplo, pueden mostrarse sonrientes, sólo porque piensan que es la conducta apropiada, aunque en el fondo no experimenten ningún placer.

Tras estos comportamientos se oculta una necesidad de evitar situaciones incontrolables, de prever el desastre, lo que les hace vivir más en el pasado o en el futuro que en el aquí y hora de la experiencia presente. En el fondo, su espíritu se debate en el conflicto entre la obediencia y el desafío; entre sus rígidas reglas introyectadas y sus deseos naturales. El territorio de lo desconocido es impensable y prefieren caminar por lugares seguros, renunciando a la improvisación y al riesgo de avanzar sin un mapa bien establecido. Su vida trascurre en una tentativa de prevenir lo indeseable, y todo su universo irracional está vetado, excluido de la consciencia, mientras su cabeza recorre los circuitos conocidos, y sirve de protección para evitar soportar la ambigüedad y la incertidumbre y, por tanto, los sentimientos de angustia.

MECANISMOS DE DEFENSA

El mecanismo de defensa más utilizado por la personalidad obsesiva es la formación reactiva, donde invierten los impulsos prohibidos, de rebeldía, y se adaptan a su rígido ideal del yo, anulando su ira, u otro sentimiento desautorizado, que les coloque en una visión de sí mismos distinta a la que sostienen. Su lógica es todo-nada, blanco-negro, donde los matices irracionales de gris son irrepresentables. En ocasiones, cuando consiguen relajar algo sus defensas, y perciben disidencia de criterios con alguna figura de autoridad, sienten culpa en lugar de rabia, como si consideraran sus sentimientos graves pecados que deben expiar. El compulsivo se convierte así en su propio juez, como si hubiese interiorizado un dictador; un gigantesco superyó, que actúa como represor.

CAUSAS

Sigmund Freud, consideró la neurosis obsesiva como una estructura estancada en la evolución madurativa de la fase anal del desarrollo y aferrada a un superyó severo, sin rebelión posible. Muchos de los casos clínicos de este trastorno tienen en común una historia infantil de control parental excesivo. Theodore Millon describe casos donde la rigidez de carácter de los padres llegaba al extremo de no consentir las expresión más banales; las “payasadas” típicas de los niños, lo que provocó que gran parte de su emocionalidad no fuese reconocida, y sí sometida a un control; bloqueada, o connotada inadecuada y negativa. En edad adulta estas personas nunca pierden el control, y la misma batalla que sostienen dentro la escenifican fuera, sofocando en los demás todo indicio de expresión emocional espontánea. Es decir, le hacen al otro lo mismo que se hacen a sí mismos.

En realidad, los efectos del control parental excesivo se parecen mucho a los que se observan en la conducta de sobre-protección. Las dos generan una gran ira acumulada en el individuo que fue criado con estos estilos de crianza, fundamentalmente por tres motivos; la intrusión que representa, el mensaje de ser inadecuado, y la limitación a la autonomía.

La culpabilización, que es una vieja estrategia usada por las religiones y los estados para tener el control sobre el destino de sus súbditos, funcionó muy bien en el caso de los obsesivos, a los que ya no se precisa controlar, porque aprendieron a fustigarse ellos mismos con su propio látigo.

COMORBILIDAD

El trastorno obsesivo-compulsivo presenta un baja tolerancia al estrés y es candidato a sufrir otras patologías, como la fobia social, la depresión, los trastornos somatomorfos, y la ansiedad. Pero la vía de expresión de los síntomas más conocida del trastorno obsesivo-compulsivo consiste en sufrir pensamientos repetitivos, que se experimentan como incontrolables, y/o acciones, como comprobar varias veces si han apagado la estufa, darle ocho vueltas al picaporte antes salir a la calle o lavarse las manos veinte veces al día, denominadas compulsiones. Estos actos, que la persona se ve impulsada a realizar, y que obedece a la necesidad de reducir la angustia, o prevenir una catástrofe, suelen ser uno de los motivos de demanda terapéutica.

DIAGNÓSTICO

los criterios del DSM para el diagnóstico del trastorno de la personalidad obsesivo-compulsivo, son la preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control mental e interpersonal. Estos rasgos, que aparecen al principio de la edad adulta, restan considerablemente a la persona su capacidad de ser flexible y espontánea, y se reflejan en, al menos, cuatro de los siguientes ítems:

  • Preocupación por los detalles, las reglas, el orden, la organización y los horarios hasta el punto de perder el objeto principal de la actividad
  • Auto-exigencia exagerada que interfiere en el inicio y la realización de proyectos.
  • Empobrecimiento de la vida afectiva y lúdica por dedicación exclusiva al trabajo y la productividad
  • Excesiva escrupulosidad moral no atribuible a una identificación con la religión o la cultura
  • Incapacidad para tirar objetos inútiles, incluso cuando carecen de valor sentimental
  • Rigidez en sus estrategias de hacer las cosas e incapacidad para delegar
  • Avaricia y acumulación de dinero para prevenir futuras catástrofes
  • Rigidez y obstinación en las ideas




Trastorno Límite de la Personalidad

borderlineEl trastorno límite de la personalidad (TLP) o borderline, es una estructura de funcionamiento que se encuentra situada entre la neurosis y la psicosis. Sus principales características son:

Cambios emocionales bruscos.

Los límites viven en una verdadera montaña rusa; La dificultad para soportar la frustración, para demorar la gratificación, y para sostener el derrumbe de sus expectativas de amor, les inscribe en estados anímicos muy alterados; un oleaje de sentimientos que no son capaces de gestionar y regular.

Impulsividad

La necesidad constante de buscar experiencias intensas lleva al TLP a conductas temerarias, como si precisaran retar al destino para ganarse el derecho a existir, llegando a extremos de poner en verdadero riesgo sus vidas.

Sentimientos de vacío interior

Estos sentimientos suelen aparecer junto a estados profundos de angustia, que en situaciones de intenso estrés, pueden cursar con síntomas disociativos, como la percepción extraña de que todo se mueve a cámara o de verse desde fuera del propio cuerpo.

Otras veces, para paliar la ansiedad, recurren a la auto-mutilación, o se hacen cortes en el cuerpo, como una tentativa de mantenerse en la realidad, de apaciguar las introyecciones perversas, o como antídoto frente a las sensaciones de fragmentación interna.

Problemas relacionales

Los límites buscan relaciones apasionadas, intensas y fusionales, donde suelen pasar de la idealización y el amor a la devaluación y el odio, de un instante para otro.

Para estas personas los matices de gris no existen, o es blanco o es negro, o se ilusionan o se decepcionan y pasan de la euforia a la ira y del amor al odio en segundos.

Todo es extremo, sus sentimientos y reacciones también, su espíritu, es como un barco en mitad de una tormenta. Su peculiar forma de vivir el vínculo no les permite pararse a reflexionar. Ante un desencuentro con la pareja, por ejemplo, pueden llamar veinte veces al teléfono, como si no pudieran gestionar la distancia.

En realidad, para la personalidad límite, no existen las distancias psicológicas, lo que reproduce el mismo guión de vida que estas personas tan profundamente temen; el abandono.

Identidad alterada

Al TLP le falta integrar muchos elementos intra-psíquicos. En realidad no saben quiénes son, por lo que carecen de la certeza existencial y la estructura necesaria para soportar un sano autoconocimiento, que les permita aceptarse, aprender a gestionar las emociones, e integrar los aspectos personales necesarios para poder construir una idea coherente de sí mismos.

Diagnóstico

En este nivel de organización, como en todo el espectro de los denominados trastornos de la personalidad, existen diferentes grados de patología. Es posible, por lo tanto, tener una personalidad límite compensada, es decir, sin suponer por ello ningún trastorno.

Los criterios del DSM IV para el diagnóstico concreto del trastorno límite de la personalidad (TLP) o borderline son la inestabilidad afectiva, relacional y de auto-imagen, además de impulsividad, que empiezan en la adolescencia y se manifiestan en, al menos, cinco de los siguientes síntomas:

  • Esfuerzos frenéticos para evitar el abandono
  • Patrón inestable en sus relaciones
  • Alteración de la identidad
  • Impulsividad en relación con gastos, sexo, abuso de sustancias, conductas temerarias, atracones de comida…
  • Amenazas y/o tentativas de suicidio, o comportamientos de auto-mutilación
  • Inestabilidad y labilidad emocional, como episodios de disforia, irritabilidad, ansiedad…
  • Sentimiento crónico de vacío interior
  • Accesos incontrolables e intensos de ira
  • Ideación paranoide o síntomas disociativos

Causas

Entre las causas más comunes de este trastorno de personalidad se encuentran los abusos sexuales y la pertenencia a familias de transacción caótica, que fueron metralleadas por demasiados acontecimientos traumáticos que no hubo tiempo de asimilar.

Consecuencias

Entre las consecuencias podemos enumerar:




Trastorno de Personalidad por Evitación

trastorno evitativoEl trastorno de personalidad por evitación es un patrón de comportamiento frente a situaciones sociales. Los/as evitadores/as viven el encuentro humano como una potencial amenaza. Su frágil auto-concepto no les permite tomar muchos riesgos. Son personas tímidas e inseguras, que aprendieron a conducirse con el mismo estilo rígido de afrontamiento.

Los criterios del DSM IV para el diagnóstico del trastorno de personalidad por evitación, se basan en sentimientos de inferioridad y patrón de inhibición social generalizado que surge desde el principio de la edad adulta, y que está presente en, al menos, cuatro de los siguientes ítems:

  • Evita trabajos o actividades sociales, como consecuencia del temor a las críticas, la desaprobación o el rechazo
  • Evita el contacto humano por miedo a no agradar
  • Dificultad para la intimidad por miedo a ser ridiculizado o avergonzado
  • Preocupación por la crítica
  • Sentimientos de inferioridad
  • Auto-percepción de ser poco interesante y/o socialmente inepto.
  • Reacio/a a implicarse en nuevas actividades por considerarlas un riesgo ínter-personal.

La personalidad evitadora, por tanto, se siente inadecuada, y vive con angustia el encuentro humano, llegando a limitar seriamente sus posibilidades. Por un lado se siente inhibida, torpe, y por otro, suele tener una gran sensibilidad para percibir finos detalles en la complejidad de las relaciones. Estas personas, se refugian en lo conocido, prefieren pasar desapercibidas, hacerse invisibles, y optar por una vida sin demasiados riesgos, poco placentera, pero indolora. Cuando no les queda más remedio que relacionarse, su psicología es la prevención; tratan de predecir que pensaran los demás, y repasan en su imaginación las respuestas posibles antes del encuentro.

Las consecuencias de este estilo de personalidad puede oscilar, desde malestar frente a sola idea de relacionarse, hasta la fobia social. La vergüenza que sienten, es una falta de integración de las propias instancias personales, que suele derivar en aislamiento. El aislamiento es un buen refugio, una posibilidad de estar protegidos, pero no es un buen lugar para el aprendizaje. Aprender significa comprobar que algo es posible, pero para el/la evitador/a, ante la duda, prefieren echar un paso atrás. La inseguridad en las propias competencias y recursos les hace elegir la distancia social, para separarse de los miedos, aunque para ello, deban separarse también de los deseos, por lo que prefieren utilizar la fantasía, como mecanismo de defensa, para compensar sus frustraciones.

Pero la verdadera lucha psicológica del trastorno por evitación es entre el “Yo ideal” y el “Yo real”, es decir, entre lo que piensan que “deberían de ser” y lo que realmente son, sienten y necesitan.




Trastorno de personalidad dependiente

trastorno de personalidad dependienteEl trastorno de personalidad dependiente es una estructura rígida de funcionamiento ínter-personal, que presenta unas características muy concretas.

Los principales criterios del DSM IV para un diagnóstico del trastorno dependiente incluyen comportamientos de sumisión y temor a la separación, que comienzan en el inicio de la edad adulta, donde se da una gran necesidad de que los demás se ocupen de la autonomía personal, que se refleja en al menos cinco de los siguientes síntomas:

  • Búsqueda de consejo y apoyo para tomar decisiones cotidianas
  • Necesidad de que otros asuman la responsabilidad de su vida
  • Dificultad para expresar desacuerdo
  • Falta de confianza en sus capacidades y competencias
  • Búsqueda de protección y apoyo exagerados 
  • Incapacidad para gestionar la soledad
  • Miedo a cuidar de sí misma/o.

 

La principal característica del trastorno de personalidad dependiente es, por tanto, la dificultad para creer en sí misma; en todo su universo emocional y en las capacidades propias para construir relaciones desde el mismo plano de igualdad, donde poder cambiar la idea de depender, simplemente por la de compartir y crecer con el otro.




Trastorno Antisocial de la Personalidad

personalidad antisocialEl Trastorno Antisocial de la Personalidad es un patrón de conducta que no ha conseguido interiorizar las suficientes normas sociales, para poder construir una identidad sólida. Su sentido de los límites es casi inexistente, lo que se traduce en un desprecio y violación de los derechos ajenos. No siente respeto por el otro, y en el fondo, tampoco por si mismo/a. Sus actos impulsivos (mentiras, estafas, peleas… ) producen como resultado que no se pueda vivenciar como una persona honesta.

Desde una perspectiva psicoanalítica la personalidad antisocial no tiene interiorizado el superyó, por lo que solo reconoce sus propios impulsos, y no puede tolerar la frustración ni la demora. Sus actos son impulsivos, sin reflexión ni remordimiento, y solo pueden concebir el corto plazo, porque nunca aprendieron a posponer la recompensa. Al no tener ningún limite, ningún censor interno, tampoco se sienten protegidos, por lo que viven en el miedo, un miedo del que ni siquiera son conscientes, debido a su actitud contra-fóbica, pero que explica gran parte de su agresividad. Su dificultad para la introspección les impide madurar, y suelen vivir anclados en una visión infantil, esclavos de sus propios impulsos.

Este trastorno de la personalidad carece de proyecto propio. No puede representarse el futuro. Algunos son incapaces de mantener un trabajo, no por falta de capacidades, sino por carecer de la paciencia, la constancia y la disciplina necesaria para perseguir los objetivos.

Las causas que fabrican esta estructura son muchas. A menudo encontramos que fueron niños expuestos a negligencia, indiferencia, hostilidad, y abuso físico. Niños que no recibieron ningún modelo de ternura y cuyos sentimientos no fueron vistos ni reconocidos. Es frecuente, además, encontrar en su pasado la pertenencia a familias desestructuradas.

Los/as antisociales, a diferencia de los psicópatas, que son fríos y calculadores, son reactivos y con más capacidad para lo emocional, aunque en realidad tampoco ven al otro, carecen de alteridad, como las personalidades narcisistas, y no se fían de nadie, como los paranoides.

Diagnóstico del trastorno antisocial

Para el diagnóstico del trastorno antisocial de la personalidad, el DSM VI establece los siguientes criterios:

Conductas de desprecio y violación de los derechos ajenos, presentes desde los 15 años de edad, en tres o más de los siguientes ítems:

  • Violación de las normas legales
  • Deshonestidad traducida en mentiras y estafas
  • Impulsividad o incapacidad para planificar un futuro
  • Agresividad
  • Despreocupación por la seguridad propia y ajena
  • Irresponsabilidad para mantener un trabajo y asumir obligaciones económicas
  • Falta de remordimientos

Para encajar en el diagnóstico, estas conductas no deben aparecer exclusivamente en el transcurso de un episodio maníaco ni una esquizofrenia, y el sujeto ha de tener al menos 18 años.




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