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El Efecto Pigmalión

la profecía auto-cumplidaEl Efecto Pigmalión es un fenómeno psicológico demostrado mediante un experimento que el psicólogo Robert Rosenthal hizo en los años 60, para verificar su hipótesis sobre cómo las expectativas propias modifican la realidad, provocando que se produzca la profecía auto-cumplida.

El experimento que diseñó Rosenthal consistió en comunicar a unos educadores que durante el año escolar tendrían que instruir a unos alumnos retrasados (según indicaba un supuesto test de inteligencia que se les había pasado con anterioridad) Los educadores, pasado el periodo de instrucción, recogieron en sus observaciones que el grupo era, efectivamente, retrasado, cuando en realidad era normal.

Con este experimento podemos ver que los educadores actuaron desde una creencia errónea, y que esa creencia determinó su conducta, que contribuyó a la mala calificación final de los alumnos, lo que corroboró las expectativas iniciales de los educadores. 

Lo que demuestra el Efecto Pigmalión es que nuestro mapa mental no es el territorio pero contribuye a crearlo. El ser humano parte de unas creencias que construyen la realidad. A veces esa realidad, que hace emerger la creencia, refuerza la creencia. Si creo que el otro es tonto y lo trato como a un tonto es posible que me mire con cara de tonto o se acabe creyendo que es tonto. Este proceso, que en psicología sistémica se denomina retro-alimentación positiva, lo que produce es un cambio que incrementa un cambio en la misma dirección.

Lo que viene a demostrar el Efecto Pigmalión es que la creencia construye la realidad y la realidad refuerza la creencia, es decir, la profecía auto-cumplida. La realidad es una construcción que hacen emerger los intervinientes. No existe una realidad a priori, existen creencias sobre la realidad que condicionan la misma realidad.

El Efecto Pigmalión y los prejuicios sociales

En el universo de las relaciones humanas la “etiquetación” del individuo hace que nuestra conducta se modifique en base a una creencia ciega. El efecto pigmalión negativo se produce, muchas veces, sin que seamos conscientes de ello.

Por ejemplo; Cuando yo era joven se presentó en la ciudad, por sorpresa, un antiguo compañero de mili. El caso es que yo había quedado esa noche con un amigo para salir a cenar. Había que juntarles a los dos, no había otra opción, pero conociendo los prejuicios sociales de mi amigo temí que la reunión no fuera todo lo agradable que yo deseaba. Entonces le propuse a mi ex-compañero de mili que se hiciera pasar por un empresario del sector automovilístico, para bajar un poco los humos a mi amigo, al que definí como “un poco chulo” Mi ex-compañero, que en realidad era un simple empleado que vendía coches de segunda mano en un pequeño taller, estuvo encantado con la idea. Al final de la noche, mi amigo, el que tenía prejuicios, me confesó lo agradable que le había resultado haber conocido a un hombre tan brillante y exitoso. Poco después, mi ex-compañero me dijo que hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto y que mi amigo lo había tratado de una forma tan amable y atenta como nunca recordaba.

Las creencias a priori son creencias que construyen una realidad que, a su vez, verifica la creencia. Mi amigo estuvo encantado de poder conocer a un hombre tan importante (que en realidad no lo era) y acabó por fabricar a un hombre importante que aceptó el rol adjudicado (por ser valorizante) y estuvo encantado del trato. Por otra parte, mi amigo se sintió contento e importante al lado de un hombre tan importante que se sentía importante ante un hombre que lo trataba con importancia. En este caso la creencia de mi amigo desencadenó un efecto pigmalión positivo. Tal vez, si le hubiese dicho a mi amigo la verdad; que el compañero de mili sólo era un vendedor asalariado de coches usados, su propio prejuicio hubiese construido una realidad distinta.

A veces, nuestras creencias, ideologías, y prejuicios, nos inscriben en una realidad que acaba por confirmar nuestras sospechas, reproduciendo un patrón circular que puede condenarnos a repetir los mismos circuitos y a mantenernos presos en el mismo nivel de lógica. Tal vez, el efecto pigmalión explique por qué muchas personas acaben cosechando la misma realidad que tanto temen.

La creencia social tampoco se salva de este fenómeno. En una sociedad donde el valor personal se define por el éxito económico; las conductas, la naturaleza de las relaciones, y los sentimientos de auto-estima se ven influidos por esa misma ideología,lo que verifica que, la realidad, en realidad, es sólo una construcción compartida.





1 comentario

  1. Moda new age vs realidad  – SUSANA NÉRIDA SUÁREZ dice:

    […] También ocurre mucho que al disfrutar de un momento feliz o emprender algo nuevo, encontremos al pequeño saboteador que llevamos dentro, el autosaboteador, que nos impide disfrutarlo plenamente. Esto aparece como una protección, aunque parezca contradictorio. Quizá en algún momento fuera útil, pero ahora está intentando limitarte. Es un poco lo que sucede con el efecto Pigmalión (y esto ocurre tanto a nivel negativo como positivo), pero ahora no son terceras personas, eres tú mismo. Cuestiona todo lo que te diga este personaje molesto, haz un diálogo interior, y disfruta esa felicidad o lánzate a emprender, enfréntate a esos miedos que te están limitando, o a esa vocecita que te dice que “no mereces ser feliz”. Por supuesto que te lo mereces, recuerda que todos somos humanos y cometemos errores, pero aprendemos de ellos. http://psicologosenmadrid.eu/el-efecto-pigmalion/ […]

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