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Funciones del cerebro

Funciones del cerebroLocalizar las funciones del cerebro es una tarea que los científicos han tratado de dilucidar desde tiempos muy remotos. Los anatomistas del siglo XV fueron los primeros en localizar ciertas funciones en el cerebro. En 1886 Redfield identificó 186 funciones, alineadas ordenadamente por todo el cráneo.

Un poco más tarde, Sigmund Exner dedujo que las lesiones causadas en ciertas partes del cerebro, por golpes u otras causas, se correspondían con las facultades que la persona había perdido, como el habla, la vista o el andar. Según Heinz von Foerster, Exner no habría hecho esa deducción errónea de saber que estaba nominalizando esos procesos. La nominalización de los procesos mentales, dice Foerster, lleva al error de asumir que éstos están  localizado en tejidos específicos del córtex cerebral. Muchos investigadores localizan el pensamiento, la memoria, la imaginación y otras funciones mentales en el cerebro. Esta manera de relacionar una parte del cuerpo con una determinada función se denomina ‘localización de las funciones’.

Foerster hace la analogía con un coche averiado, en cuya bomba de alimentación el mecánico encuentra suciedad, lo cual impide que la gasolina entre en el carburador. ¡No podemos localizar la función de circular del coche en la bomba de alimentación! El sistema en su totalidad determina la capacidad de circulación del coche. Si cualquiera de las partes de esa totalidad está defectuosa,  la consecuencia es que el coche no circula. De la misma manera, siempre hay que considerar el cerebro en su totalidad. Un cerebro dañado tiene una limitación específica, pero sigue funcionando como totalidad. Para Foerster, comprender un sistema significa considerar todas sus partes en conjunto.

El siguiente error que se comete con la localización de las funciones del cerebro, deriva de comparar la memoria metafóricamente con la memoria de un ordenador.  Foerster  rechaza rotundamente esta analogía con la tecnología actual de la informática. Se refiere a la capacidad del ordenador de almacenar datos como ‘sistemas de puesta en reserva’, los cuales, al contrario que la memoria humana, son finitos y están claramente localizados en las plaquetas. Alega, que si la memoria humana fuera comparable al sistema de puesta en reserva de información de un ordenador,  el  cerebro tendría que medir 2 kilómetros. Con ese tamaño, las personas tardaríamos 10 años en reconocer un objeto.

Posiblemente el error más importante de la localización de funciones del cerebro es que no consigue resolver el  problema de la codificación indiferenciada de la cognición, es decir que no responde a cómo nuestra experiencia del mundo es tan rica, si nuestros receptores codifican únicamente la cantidad de estímulos que perciben y no su naturaleza. Como prueba más contundente de la incompatibilidad de la mente humana con la teoría de la localización de funciones, Foerster da el ejemplo de que para que un ordenador encuentre un archivo, necesita que el imput sea exactamente como el nombre del archivo.  Si el cerebro humano también requiriera esta correspondencia exacta entre el dato almacenado y el estímulo externo, nunca encontraríamos nuestro coche en el aparcamiento, ya que tanto las condiciones de iluminación como el ángulo de visión rara vez son idénticos.

Foerster también rechaza el argumento de Eilhard von Domarus como prueba de la teoría de localización de las funciones del cerebro. Éste concluyó en 1925 que la capacidad estereoscópica de la visión está localizada en el ojo izquierdo, porque si una persona pierde ese ojo, pierde dicha capacidad. Sin embargo, también la pierden las personas que pierden el ojo derecho.

Por otra parte, Foerster critica a los hemisferólogos, que atribuyen funciones diferentes a cada hemisferio del cerebro. Como constructivista que es, reivindica que el cerebro siempre funciona como sistema global y que no hay pruebas para la localización de funciones. Argumenta esta afirmación de la siguiente manera: Si unas células cerebrales se deterioran de manera lo suficientemente lenta, otras partes del cerebro las compensan. Da el ejemplo del gran químico y biólogo Louise Pasteur, que no dejó de trabajar hasta su muerte con 73 años. Cedió su cuerpo a la escuela médica de Sorbonne y cuando le hicieron la autopsia vieron que el hemisferio izquierdo de su cerebro, al que se le atribuye la capacidad de pensar y el razonamiento lógico, estaba casi totalmente consumido por un tumor. Este se había expandido muy lentamente, de manera que las células sanas del cerebro habían ido asumiendo las funciones normalmente hechas por el hemisferio izquierdo. Si las funciones estuvieran realmente localizadas, esta compensación no habría sido posible.

El problema que ve Foerster  con la localización de funciones y la cosificación de los procesos mentales, es que sugiere que el sistema sensorial y motor son dos sistemas separados dentro del sistema nervioso. Esto implica que las acciones se pueden separar de las emociones, reforzando nuestra creencia en una realidad objetiva y única, omitiendo a su vez que la ‘realidad’ siempre está definida en función de la perspectiva y el sistema de valores de quien la expone.

Este artículo está basado en los escritos de Lynn Segal, que recopiló las ideas que Heinz von Foerster  expuso en diversas conferencias

Elisabet Sigrid





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