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Ira

IraLa ira es una de las emociones consideradas primarias, debido a que su manifestación puede observarse en los seres humanos desde el mismo momento de su nacimiento, sin que haya existido un aprendizaje previo.

La ira ha sido mal considerada y poco comprendida, de manera que algunos teóricos la han incluido en la categoría de “emociones negativas”, pero para entenderla es importante fijarse en las funciones que cumple. Vamos a enumerar algunas:

                      FUNCIONES DE LA IRA

  • Proporciona energía para la acción: existen diferentes obstáculos en la vida que se interponen entre nosotros y nuestros más lícitos deseos. Algunos son externos a nosotros, como las dificultades en el desarrollo de nuestras tareas y objetivos, y otros son internos, como los miedos irracionales y paralizantes, o la dificultad para confiar en las propias capacidades. En cualquier caso, la ira nos hace apretar los puños y tirar hacia adelante
  • Señala la injusticia: La rabia puede ser un elemento decisivo cuando nos encontramos con individuos perversos que despliegan comportamientos de abuso, manipulación o invasión,  ya que motiva la auto-defensa y la protección propia y ajena
  • Ayuda en las fases del duelo: la ira funciona como los jugos gástricos del espíritu que sirven para descomponer en trozos una realidad indigerible, por lo que se la considera la cuarta fase en los procesos para elaborar el duelo tras una pérdida personal
  • Abre los ojos a la realidad: solo después de apretar los dientes somos capaces de descubrir las cosas que “no nos queríamos creer” en referencia a una situación o a ciertas características poco deseables de aquellas personas que nos rodean
  • Señala una herida: Surge cuando la persona se ha sentido lesionada en su autoestima. Es la emoción que nos anuncia la necesidad de poner un límite a la conducta irrespetuosa del otro que supone una falta ética
  • Tiene una función comunicativa: nos avisa de qué comportamiento es el adecuado y cuál es la distancia que debemos mantener cuando el otro no está en espíritu de contacto.

Introyectos psicológicosMANEJO DE LA IRA

La ira supone un problema cuando lleva a la persona a realizar conductas inapropiadas y/o desproporcionadas. Tal vez no podemos elegir cómo nos sentimos, pero sí qué hacemos con los que sentimos. Existen personas muy pacíficas con una gran facilidad para enfadarse y otras, aparentemente tranquilas, que realizan conductas agresivas (verbales, gestuales, físicas) casi sin darse cuenta.

Dentro del manejo y la expresión de la ira podemos observar diferentes mecanismos:

  • Ira inconsciente: existen personas que no son conscientes de su ira pero que los demás sí lo son de sus consecuencias. Estas personas se suelen sorprender cuando alguien describe los sentimientos que producen sus actos, sus gestos o sus palabras, y llegan a negar su intención de dañar al otro quitando importancia al hecho con frases como; “era solo una broma”, “te tomas las cosas demasiado en serio”
  • Ira desplazada: se trata de un mecanismo que consiste en coger el enfado en un contexto y descargarlo en otro diferente, desplazando la agresividad contra personas que nada tuvieron que ver con el motivo del enfado, como sucede cuando alguien, por no dar un grito a tiempo, se lo da luego a los hijos en casa.
  • Ira contra uno mismo: este estilo de gestionar la ira suele cursar con sentimientos de culpa, aunque también puede estar relacionado con el rechazo identificativo con las primeras figuras de referencia
  • Ira defensiva: las personas que presentan un estado permanente de tensión y rigidez suelen tener mucha ira guardada, que a veces viene de lejos en su historia o que sirve para defender una identidad demasiado frágil o escasamente construida. Un ejemplo lo representan las personalidades paranoides y narcisistas, siempre dispuestas a emprender un ataque antes de que el otro se adelante o cuando alguien se acerca demasiado con la tentativa de construir una intimidad.
  • Ira oral: es la reacción exagerada ante la más mínima frustración cuando el otro no cumple las elevadas expectativas y la sobre-exigencia requerida. Se trata de la típica pataleta infantil que suele acarrear mucho sufrimiento cuando se extiende en el tiempo más allá de los cuatro años de edad.

Los diferentes estilos de gestión de la propia ira han dado lugar a varios estudios en psicología y se han vinculado al desarrollo de trastornos orgánicos (enfermedades coronarias, hipertensión) en aquellas personas que contienen la ira hacia dentro sin conseguir canalizarla de forma saludable (Suls, Wan y Costa, 1995) y psicológicos, como el trastorno paranoide y límite de la personalidad.

En resumen, la ira puede llevar a conductas que preserven la dignidad y la libertad de la persona o lesionar las relaciones con las que esta se vincula. Insistimos; el problema no son nuestros sentimientos sino nuestros actos.




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