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Maturana y Varela

Maturana y VarelaHumberto Maturana y Francisco Varela (científicos chilenos) demuestran la distinción entre la fenomenología de la física de la radiación electromagnética y nuestra experiencia de los colores. No existe una correspondencia biunívoca entre entre experiencia y radiación, ni entre estímulos y sensaciones. La experiencia del color es una experiencia global y compleja, una experiencia holística que no se comprende aislando los elementos interactuantes. Más allá de las relaciones directas entre conos , bastones y longitudes de onda, para Maturana la experiencia de los colores surge en el dominio lingüístico.

Las investigaciones de Maturana, en 1968, le llevan a describir el proceso de percepción como consecuencia de una interacción entre el ojo y el entorno. La percepción ya no es el proceso de captar la realidad exterior, sino más bien la de especificar allí una, y la distinción entre percepción e ilusión se hace imposible si manipulamos un órgano, ( por ejemplo la posición del ojo en una rana) o algunos parámetros del Sistema Nervioso mediante cirugía, deprivación sensorial, inducción a la hipnosis o administración de drogas.

Respecto a la comunicación, según Maturana y Varela, esta no es una trasmisión de información, sino una coordinación de comportamientos en un dominio constituido por acoplamientos estructurales entre aquel que habla y aquel que escucha.

Vemos de nuevo cómo los postulados sistémicos abandonan la postura científica tradicional empeñada en construir grandes lupas para cada vez ver menos y en aislar elementos para entender más, obviando las relaciones que conectan y construyen la misma definición de realidad.

El observador traza distinciones donde mejor le parece, y estas revelan más el lugar del observador que la constitución intrínseca de lo observado. Heinz von Foerster, desde la cibernética, ya propuso la inclusión del observador en las observaciones. Esto mismo hace Mony Elkaïm en el contexto de las supervisiones de casos de psicólogos y terapeutas familiares. Cuando él escucha al terapeuta relatar el caso sabe que este solo le trasmitirá una visión parcial del fenómeno que describe. Esto le da una información del observador y le ayuda a comprender tanto al terapeuta como a la familia como al sistema terapéutico. La unidad mínima de observación (la mónada) es ahora el observador y lo observado.





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