Narcisismo Tratamiento

 

Narcisista Terapia

El tratamiento psicológico del trastorno narcisista ha sido estudiado por varios autores. Theodore Millon advierte que cuando el medio ambiente que rodea al narcisista le proporciona una buena dosis de refuerzo, es muy difícil que este acuda a terapia, ya que los sentimientos de grandeza defensiva le vacunan frente a sentimientos disfóricos y depresivos.

El hecho de que el narcisista cuente con fuertes mecanismos de defensa y elevada capacidad para desenvolverse con éxito en la sociedad disminuyen las probabilidades de que acepte de buena gana el “defectuoso” papel de paciente.

Además, muchos de los pacientes narcisistas que acuden a terapia, movidos ante el hecho de haber tocado algún sentimiento de vacuidad e ineficacia, no están dispuestos a abandonar su defensa, y buscan en la terapia aliarse con el mejor profesional para perfeccionar el sí mismo en lugar de entenderlo.

Por lo tanto, su falta de humildad para recibir la idea de incorrección hace que la confrontación sea un asunto muy espinoso, incluso cuando el terapeuta cree haber establecido un sólido vínculo.

Por otra parte, los psicólogos acostumbrados a proporcionar a sus pacientes un cálido apoyo pueden reforzar que el paciente salga enorgullecido de la sesión y fortalezca su defensa confirmando su grandeza. Aunque también puede ocurrir que, desde la calidez del apoyo, el narcisista salga de repente de su concha defensiva y abandone la terapia negando su necesidad de afecto.

Millon  afirma que uno de los errores más frecuentes que se cometen en terapia con estos pacientes consiste en dar alivio rápido a los síntomas depresivos apenas estos aparecen, ofreciendo un refuerzo excesivo de los logros alcanzados en otras sesiones, sin tener en consideración que el narcisista suele considerarse “curado” apenas remiten sus síntomas disfóricos, cuando en realidad, la patología subyacente de la personalidad que los causa permanece intacta.

Debido a la automatización defensiva del paciente con Trastorno Narcisista de la Personalidad se hace necesaria una intervención profunda si se desea provocar un cambio verdaderamente estructural y permanente. Es necesario tener en cuenta que estos pacientes tiene por delante una dura tarea como consecuencia de su concepción polar; si no son magníficos no son nada, y ser nada amenaza su existencia psíquica.

La percepción de los matices

Ni todo es blanco ni todo es negro. El paciente narcisista es polar en su concepción del mundo, o algo/alguien es magnífico o es una porquería, y esa guerra que mantiene fuera es la misma que sostiene dentro, es decir, en referencia a la percepción de sí mismo. En ese sentido puede decirse que el paciente narcisista tiene un gran parecido con el adolescente, que en plena búsqueda de su identidad viaja entre lo magnífico y lo penoso.

Esta concepción del mundo hace que el narcisista, durante la terapia, se bandee en una labilidad emocional que le llevan a cambios bruscos de humor y estado de ánimo. Las expectativas infladas del narcisista lo llevarán a tener que soportar una aguda frustración; un enfado grande debido a su deseo oceánico; “lo quiero todo y lo quiero ya”

Una desilusión realista necesita consuelo, y esto es lo que más falta en su historia temprana, luego su posición grandiosa obedece en gran parte a una capacidad hipodesarrollada para consolarse a sí mismo.

Durante el proceso terapéutico el narcisista atravesará la experiencia de sufrir la pérdida; el paciente se dará cuenta que el mundo del contacto solo se aproximará a aquello que se busca en fantasía y que los padres generosos y perfectos que están siempre ahí cuando se les necesita y ausentes cuando el niño necesita espacio, no son posibles ni siquiera en la infancia; en la vida adulta, son aún menos posibles.

Lo imposible ha de ser lamentado y para sanar, el paciente con Trastorno Narcisista de la Personalidad debe reconocer la pérdida,  los límites de lo que es posible, elaborar el duelo y continuar.

A medida que el paciente narcisista va contactando con su sentir más genuino comienza a tocar con uno de los aspectos más espinosos de su proceso; la frustración. Todo lo que no se ajuste a sus expectativas será un calvario al principio de esta nueva toma de conciencia. La toma de conciencia con su niño interior puede que le resulte gratificante en cuanto a la conquista de su parte más lúdica y creativa. Por otra parte, el mundo emocional de los niños también lo conforman las pataletas, que afloran cuando las cosas no son exactamente como ellos esperan.

La ira, la decepción y la aceptación realista

Es duro para el narcisista comprobar que todos los sueños que había construido en su interior con respecto a las posibilidades de las relaciones humanas no se acercan ni de lejos a la dolorosa realidad.

Ese recorte de expectativas produce unas emociones muy parecidas a las etapas de un duelo, donde no resulta nada fácil la renuncia de lo soñado. El paciente narcisista se encuentra en un problema de renuncia, y la peor renuncia es la de lo que nunca se tuvo.

No hay que olvidar que el narcisista basa su búsqueda del amor- de forma más o menos consciente- en el sueño de encontrar ese vínculo perfecto e idealizado. Esto le lleva a maternalizar sus relaciones de pareja.

A partir de la desilusión frente a las posibilidades del contacto con el otro, el narcisista puede ir comprendiendo que amar significa aceptar en el otro una cuota de defectuosa humanidad.

La psicoterapia es para el narcisista una segunda oportunidad donde encontrar un punto de anclaje y confianza desde donde comenzar a construir algo más sólido, libre y realista, con la ayuda de un vínculo adulto donde apoyarse.

 

El Ego

La psicoterapia puede reportar al narcisista la capacidad de bandearse más libremente y de forma más creativa con su ego, que consiste en una defensa rígida frente determinados estados de conciencia.

La terapia Gestalt ha demostrado que desde un excesivo ego la persona se impide a si misma el contacto óptimo con su ambiente, donde poder satisfacer las necesidades afectivas que tanto teme.

Se supone que el narcisista que va siendo capaz de flexibilizar su rígida postura ante el mundo puede contactar con sus necesidades afectivas sin negarlas, ampliar su arsenal de respuestas para relacionarse desde una actitud más espontánea, y vivir el presente sin tanta necesidad de manipulación, fantasías compensatorias, intelectualizaciones, auto-engaños, etc.

 

Sentimientos de vacío

El proceso de cambio que el paciente narcisista atravesará pasa por aceptar su otro sentimiento de deflacción (versus inflacción) dice Yontef, donde la caída del ideal conlleva sentimientos de duelo y  una buena dosis de rabia para desestructurar y hacer añicos una situación de fantasía frente a la dolorosa realidad que ha de ser aceptada.

A medida que el narcisista es consciente de la discrepancia entre su imagen y la realidad puede ir elaborando el duelo y abandonar las energías empleadas en el mantenimiento de la defensa, para obtener la libertad de ser lo que es en lugar de lo que pretende ser.

A lo largo del proceso terapéutico el paciente narcisista atraviesa por sentimientos de soledad, y con los primeros sentimientos de soledad también emergen las primeras necesidades de contacto genuino con los demás, y la posibilidad de experimentar identificaciones con el otro.

Perfeccionismo

El éxito terapéutico se relaciona con el abandono de la necesidad de perfección y la aceptación de lo que se es más que la obsesión en lo que se “debería ser”.

Gary Yontef aporta datos sobre la falta de contacto autentico que los pacientes narcisistas mantienen con sus padres y cómo este fenómeno no se descubre al inicio de la terapia, debido a la gran idealización que el paciente trae de su familia, especialmente de su madre.

El aspecto más importante de la infancia de este tipo de paciente – y una de las causas de su patología- reside es el sentimiento de no haber sido percibido de forma precisa ni correspondido de forma adecuada, de manera tal que se reconociera su propio sí mismo, incluyendo su experiencia emocional, necesidades, habilidades y debilidades.

 

El vínculo

Si el psicólogo consigue establecer un vínculo con este paciente es más fácil que el narcisista pueda ir deshinchando su sí mismo falso construido de fantasías y permitir que se haga figura su autenticidad.

Desde la sensibilidad y la empatía el terapeuta puede reportar al narcisista una experiencia correctiva, donde sí es recogido en su sentir y reconocido como persona valiosa, ayudándolo en la reconstrucción de su identidad.

Luego la finalización exitosa de una terapia de trastorno narcisista de personalidad se relaciona con un cambio profundo y un encuentro con su verdadera identidad personal; un trabajo que siempre resulta largo en el tiempo si se desea que la persona obtenga una comprensión profunda de su estructura de funcionamiento.

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