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Síntomas de la Paranoia

sintomas de la paranoiaLos síntomas de la paranoia suelen variar de unas personas a otras. La hiper-vigilancia y la necesidad de controlar el entorno, sin embargo, son características comunes a todas. Estas estrategias fueron desarrolladas para prever el ataque personal (tanto físico como psíquico) y protegerse del engaño. 

Cualquier ser humano, en algún momento de su vida, puede encontrar muy buenos motivos para desarrollar una actitud paranoica, sin embargo, esto no es condición suficiente para poder entrar en el diagnóstico de trastorno paranoide de personalidad. Para ello, estos síntomas de suspicacia y desconfianza deben estar ya presentes desde el inicio de la edad adulta y producirse de manera generalizada, es decir, en al menos cuatro o más de los siguientes ítems:

SÍNTOMAS DE LA PARANOIA:

  • Sospechas infundadas de ser perjudicados por engaño y/o explotación

  • Preocupación por deslealtades sin base alguna

  • Temor a que se usen las confidencias que le hace al otro contra sí mismo/a

  • Interpretaciones degradantes y malintencionadas de sucesos y comentarios inocuos

  • Rencores largamente larvados en el tiempo

  • Reacción de ira desproporcionada frente a la percepción de ataques, inexistentes para los demás

  • Sospechas recurrentes sobre infidelidad de pareja sin base alguna

Pero además, hay que descartar estas características, cuando aparecen en el trascurso de un episodio psicótico, una esquizofrenia, o con motivo de los efectos fisiológicos de una enfermedad médica.




Comportamiento paranoide

comportamiento paranoideLa estructura de personalidad paranoide acaba por construir en sus relaciones interpersonales la misma realidad que tanto teme.

La pareja de un/a paranoide, por ejemplo, suele soportar con impotencia el control, la vigilancia y las acusaciones (implícitas o explícitas) de infidelidad consumada o en grado de tentativa. Pero, ¿Cómo convencer al otro de las buenas intenciones? ¿Cómo aportar las pruebas de inocencia sobre un delito que aún no se ha cometido?

El paranoide, además, al reclamar lealtad sin ofrecer confianza, inscribe al otro en una paradoja. El otro queda bloqueado. No puede hacer nada, si acaso, gestionar como puede la desconfirmación personal que genera el mensaje lanzado; “tu no eres confiable” lo cual es francamente difícil de aceptar, porque devuelve una imagen personal inaceptable, ya que, si alguien no es de confianza, No es nada.

La confianza es el primer cimiento sobre el que se asienta toda construcción relacional. Los padres dan a sus hijos confianza y ellos les devuelven lealtad. Al soldado se le presupone el valor cuando se le recluta. La mayoría de las personas, primero ofrecen la confianza y luego comprueban la lealtad, pero la psicología paranoide no funciona de esta manera.

El problema es que la desconfianza genera desconfianza, y constituye un territorio de aislamiento, que en principio, al individuo paranoide le reporta un lugar seguro. Estamos, al mismo tiempo, ante el problema y la solución. La mayoría de estas personas no soporta bien la intimidad, pues la viven como una amenaza, al tiempo que tampoco aceptan la soledad. Entonces se produce agresión cuando el otro se distancia y agresión cuando se aleja. No dejan mucha salida.

La experiencia de vincularse con una personalidad paranoica es compleja. Por una parte pueden coexistir sentimientos de lástima, necesidad de reconocimiento y deseos de reparación (“yo te salvaré de tu cárcel…te enseñaré a confiar…conmigo confiarás”) y por otra, la persona suele conducirse con temor en la relación, como andando con los pies de plomo, puesto que para la psicología paranoide, nadie es inocente hasta que no se demuestre lo contrario.

Las emociones que produce el comportamiento paranoide provoca unas respuestas que acaban por construir una realidad relacional donde se cumple la profecía maldita, que reivindica su creencia de que el otro es peligroso, agresivo y abandónico.

La desconfianza crónica de esta estructura de carácter suele conducir al aislamiento, y este, a su vez, produce un contexto de desinformación que no ayuda a frenar las rumiaciones mentales de supuestas tramas maquinadas.

Otra consecuencia del aislamiento es el déficit de aprendizaje. El universo emocional y motivacional se valida con el otro. No es infrecuente, por tanto, encontrar en esta estructura de personalidad una congelación en el tiempo de su maduración emocional, que se observa en la dificultad para identificarse con el otro y en la constante necesidad de usar el mecanismo de la proyección como defensa.

El problema de la estructura paranoide es que su historia relacional suele tener siempre un final muy parecido, que dificulta la construcción de los vínculos afectivos necesarios para reparar la idea maldita del mundo que un día la experiencia le demostró ser cierta.




Causas de la paranoia

paranoia causasLas causas de la paranoia son muy variadas. Algunos contextos, por ejemplo, funcionan como un excelente caldo de cultivo para producir paranoia. Los sistemas sociales (laborales, familiares…) donde se dan incongruencias jerárquicas, alianzas encubiertas, o lealtades poco sólidas, pueden facilitar la emergencia de ideas paranoides en cualquiera de nosotros, pero las causas profundas que fabrican un trastorno paranoide de personalidad siempre están en su pasado más lejano. Entre ellas encontramos las vivencias tempranas de abusos físicos y psicológicos, o la pertenencia a familias que sufrieron persecución, exclusión social, o un ataque directo a su identidad colectiva.

Otras veces, la paranoia surgió en contextos de desinformación, invasión de la intimidad y de traición. Generalmente, cuando hay traición en la familia hay paranoia. Por último, la psicoterapia sobre la paranoia también ha descrito muchos casos donde los pacientes fueron chivos expiatorios, culpabilizados y atacados por tener atributos que la familia no aceptaba en sí misma (a veces rasgos banales, como la curiosidad o la rebeldía) ni estaba dispuesta a representarse como propios.

Como última reflexión, tras presentar algunas de las situaciones que reproducen esta problemática, me gustaría añadir que la desconfianza solo fue un recurso para la supervivencia psíquica del individuo, una solución que acabó siendo un problema, debido a que la actitud paranoica (a menudo suspicaz, acusatoria y agresiva) acaba por construir la misma realidad indeseable de la que partió, el mismo guión maldito, donde la persona acaba por sentirse abandonada, excluida y traicionada, reforzando así su escasa confianza en la bondad del vínculo humano.




Paranoia y proyección

paranoia Aunque existen varios tipos de paranoides, el mecanismo de defensa que todos ellos utilizan es el mismo; la proyección, que consiste en atribuir a los otros los rasgos propios, así como las emociones, intenciones y deseos, que en realidad parten de uno mismo.

La principal función psicológica del mecanismo de defensa proyectivo consiste en proteger al individuo de una consciencia personal menos agradable, evitando así una visión negativa de sí mismo a sus propios ojos y ante los demás.

Pero además de compensar los sentimientos de baja autoestima, la proyección sirve a la persona que sufre paranoia para reforzar sus límites frente al otro, y evitar los sentimientos de disolución de la identidad, vacío, y su sensación de no existencia en el mundo.




Paranoia

paranoiaLa paranoia o personalidad paranoide es una estructura de carácter que presenta un espíritu de profunda desconfianza hacia los demás, cuyo rasgo más destacado consiste en el mantenimiento de una actitud hiper-vigilante en sus relaciones personales, debido a la convicción de que el otro oculta intenciones de aprovechamiento, robo, perjuicio y deslealtad.

Este patrón de funcionamiento es un sistema de defensa que desarrolla la persona cuando tiene destruida la capacidad básica de confiar en los demás, a los que en el fondo considera una gran amenaza para su integridad física y/o psíquica, motivo por el cual, el paranoide construye una fortaleza a su alrededor, nunca baja la guardia, y busca desesperadamente cualquier indicio de comportamiento en el otro que confirme sus sospechas, y refuerce su idea del mundo

DIAGNÓSTICO DEL TRASTORNO PARANOIDE:

Los criterios del DSM-IV para el trastorno paranoide de la personalidad son la desconfianza y la suspicacia generalizada, desde el inicio de la edad adulta, que aparecen en cuatro o más de los siguientes síntomas:

  • Sospechas infundadas de ser perjudicados por engaño y/o explotación

  • Preocupación por deslealtades sin base alguna

  • Temor a que se usen las confidencias contra contra si mismo/a

  • Interpretaciones degradantes y malintencionadas de sucesos y comentarios inocuos

  • Rencores largamente larvados en el tiempo

  • Reacción de ira desproporcionada frente a ataques percibidos contra su persona y reputación

  • Sospechas recurrentes e injustificadas de infidelidad por parte de su pareja.

 

La desconfianza, que en principio, es un mecanismo de protección hacia uno mismo y el grupo, y que de forma innata surge en todos los seres vivos, en la paranoia es una actitud permanente. La mayoría de las personas, suelen sostener un cierto grado de desconfianza, como elemento protector para preservar la intimidad, la libertad, incluso la propia vida, pero cuando hablamos de personalidad paranoide estamos ante individuos en permanente estado de alerta, en diferentes situaciones interpersonales, con grandes dificultades para construir vínculos afectivos de verdadera intimidad que perduren en el tiempo, y que además, parapetan en su interior una profunda angustia existencial, vacío interior, y sentimientos de inexistencia, más o menos conscientes.

En la actualidad, aunque la psicología, en una tentativa de estudiar estos rasgos de una manera más detallada, ha descrito diferentes tipos de paranoides , existen algunos denominadores comunes a todos. Uno de ellos es el uso de la proyección como mecanismo de defensa, que les sirve para compensar la baja autoestima y evitar los sentimientos de disolución identitaria y angustia. Otro, es la causalidad que ha influido en el desarrollo de este trastorno de la personalidad. Y por último, el destino que comparten. La consecuencia más común de la paranoia es el aislamiento. Estas personas, acaban por construir en sus relaciones interpersonales la misma realidad que tanto temen.




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