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La atención en el aprendizaje

atencion y aprendizajeLa vida es aprendizaje, cuando dejes de aprender, mueres (Tom Clancy)”

Partiendo de la base de que, tanto el nivel general de alerta (o nivel general de activación) como la atención selectiva son fenómenos distintos, cabe decir que ambos fenómenos mantienen una correlación proporcional entre ellos. Esto se debe a que la activación de las áreas neuronales que conciernen a algo (o cosa) que suscite nuestra atención (objeto de atención) está directamente relacionado con el nivel de alerta latente en ese instante; de este modo, si uno de los niveles es elevado se corresponde con el otro, que se eleva al mismo tiempo. Consecuentemente, los aprendizajes con relación al algo, tendrán mas posibilidad de producirse si el nivel general de alerta es óptimo, y ese algo es a lo que prestamos atención en ese momento (es necesario tener en cuenta que el término óptimo se refiere a un regulación equilibrada, ya que el exceso o defecto puede alterar negativamente el fenómeno de aprender).

El modo en que esta correlación se produce entre nivel de atención y nivel general de alerta y cómo alcanza su nivel óptimo, es el objeto de este estudio.

La interacción entre el organismo y el ambiente es lo que produce el desarrollo personal en sus diferentes ámbitos ya sea éste cognitivo, social o emocional, ya que el medio ambiente es un condicionante imprescindible para el desarrollo.

Para dar un respuesta en un intento de explicar la manera de como se relacionan ambos fenómenos debemos plantearnos previamente alguna cuestiones y desarrollar la explicación adecuada para cada una de ellas.

¿Que ocurre en nuestro cerebro para que se activen los niveles de alerta?

Para que se produzca aprendizaje, a nivel neuronal es preciso que se modifiquen los niveles de intensidad en la sinapsis entre un particular número de neuronas para que éstas se activen o estén activas. El cerebro, en su conjunto, puede presentar un mayor o menor grado de activación. Con respecto a la atención, la relación entre la intensidad de los grados de activación neuronal nos permite definir el grado óptimo de atención para asentar un aprendizaje.

El nivel general de alerta involucra a la capacidad de reacción ante señales de alarma, teniendo en cuenta que estos niveles son fluctuantes a lo largo del día en un amplio abanico de estados que abarcan, desde la vigilancia mas despierta a el sueño mas profundo (donde, obviamente, el cerebro permanece activo, es decir, “no duerme”) pasando por los estadios de no vigilia o fases del sueño (Carlson, 1990) hasta incluso, en algunos casos, el coma profundo.

El nivel de vigilancia (o alerta) es proporcional a la cantidad de noradrenalina que circula por el cerebro. Es sabido desde hace tiempo la relación existente entre nivel general de activación y rendimiento cerebral incluyendo el rendimiento del cerebro en tareas de aprendizaje, relación que viene expresada por la ley Yerkes-Dodson, tomando la forma de U invertida (Fig. 1)

ley Yerkes-Dodson

Fig. 1 (Original de Yerkes.Dodson)

Como puede observarse, la capacidad de rendimiento aumenta conforme lo hace la activación hasta que esta última alcanza un determinado nivel, el cual, sobrepasado el rendimiento comienza a descender; deducimos pues que el aprendizaje se favorece en los puntos óptimos de la curva con respecto a ambos fenómenos y, por el contrario, tanto niveles excesivos como insuficientes pueden ser perjudiciales.

Prestar atención a algo es, en definitiva, ese mayor nivel de activación de áreas neuronales concernientes a ese algo (u objeto de nuestra atención) en comparación con los niveles de otras redes neuronales.

Los sistemas o mecanismos que permiten el funcionamiento de la atención son las denominadas redes neuronales atencionales. Para que un estímulo del exterior pueda ser integrado en nuestra área o campo de atención y sea procesado correctamente por nuestro cerebro es preciso que estos circuitos atencionales pongan en funcionamiento una serie de mecanismos cerebrales cuya tarea es la de realizar correctamente la acción de prestar atención

Las fuentes de atención se dividen en estos mecanismos o sistemas anatómicos y funcionales independientes y diferenciados: Orientación o selección, vigilancia y control ejecutivo, que a su vez se dividen en redes funcionales; es decir, redes neutrales que se relacionan integrando diferentes áreas de la atención. Las redes son independientes pero funcionan de manera interrelacionada:

Sistema Reticular: Corresponde a la atención más básica o primaria y lo regula el sistema reticular activador y sus conexiones talámicas, límbicas, frontales y de los ganglios basales dopamínicamente comunicadas. Entendemos que la atención primaria es la habilidad para mantener la atención consciente o vigilancia durante largos períodos de tiempo. Esta  atención sostenida asegura que esas metas se mantendrán en el tiempo.

Existe evidencia de que el componente de selección y el de atención sostenida pueden ser procesos opuestos en cierto sentido, que aseguran un equilibrio atencional en el organismo (por ejemplo, cuando este sistema falla o sufre alteraciones, como en el caso de los TDAH, la persona no es capaz  de mantener su atención en una tarea durante períodos de tiempo relativamente prolongados, por tanto, la probabilidad de obtener un mal resultado en la resolución de la tarea es mayor- (exámenes, deberes, atender en clase, etc.)

Es importante apuntar que esta red de vigilancia influye tanto en la red anterior como en el Sistema Atencional Anterior (S.A.A) como en la posterior el Sistema Atencional Posterior (S.A.P), de forma que se incrementa la actividad en una o en otra de forma  alternativa. Así, a más activación de una red, menos de la otra.

El Sistema Atencional Posterior (S.A.P) es el que conocemos como atención selectiva; Este sistema nos proporciona la capacidad de atención deliberada o atención ejecutiva (dirigida a la acción). Lo integran zonas del cingulado anterior, las zonas prefrontales dorsolaterales y el núcleo caudado Estas áreas se comunican a través de la noradrenalina (neurotrasmisor). La atención selectiva es sin duda el mecanismo más estudiado del campo de la atención. Sin  este mecanismo de selección, los organismos no estarían bien equipados para hacer frente a las diversas fuentes de estimulación distractoras del entorno (Parasuraman, 1998).

Debido a las limitaciones en la capacidad atencional debemos filtrar y jerarquizar la relevancia de los estímulos, localizando y seleccionando aquel estímulo que consideramos objetivo-meta frente a los demás estímulos del ambiente. Conlleva un componente más ejecutivo que lleva a cabo la resolución de los conflictos en las respuestas.  Gracias  a los mecanismos de inhibición, podemos seleccionar y clasificar los estímulos de entrada seleccionando el que nos interesa procesar, e inhibiendo la respuesta hacia aquellos que consideramos innecesarios. En el caso de los afectados con TDAH, los fallos en los sistemas de control, inhibición y atención, hacen que tengan más dificultades a la hora de seleccionar y aislar un estímulo determinado frente a otros estímulos distractores, lo que deriva en un procesamiento erróneo y sesgado de la información, aprendizajes incorrectos y distracción en el rendimiento de una tarea específica.

El Sistema Atencional Anterior S.A.A: Juega un papel importante en el procesamiento de la información interna. Se trata de un procesamiento reflexivo, voluntario, flexible y orientado a una meta y dirigido por el SAP, en el que el SAA actúa como un instrumento. El SAA se subdivide en tres tipos de atención:

 Atención Selectiva, Atención Sostenida y la Atención Dividida.

 Las bases neuroanatómicas del SAA se asientan fundamentalmente en el córtex prefrontal y en sus múltiples conexiones con otras áreas subcorticales, como los ganglios basales (Cummings, 1993). Estas áreas se comunican a través de la norepinefrina (o noradrelanina por su denominación común internacional) es una catecolamina con múltiples funciones fisiológicas y homeostáticas que puede actuar como hormona y como neurotransmisor. Las áreas del cuerpo que producen o se ven afectadas por la norepinefrina son descritas como noradrenérgicas.

El S.A.A, representa el Mecanismo de Control, es decir, la habilidad para mantener el procesamiento de la información en el tiempo con la presencia de distractores. Implica mantener la conducta consciente dirigida a metas-objetivos. Se trata de un mecanismo que debe activarse de manera controlada y consciente, ya que la información puede que tenga que ser detenida temporalmente y luego retomada, puede haber otras actividades paralelas, y en el futuro puede que tengan que llevarse a cabo algunas tareas con información que hemos almacenado previamente. Estas operaciones las lleva  acabo la memoria de trabajo. El mecanismo de control depende de la capacidad de la persona de esforzarse y de la motivación sobre la tarea. En el caso de los TDAH, que ante la presencia de una tarea que requiere inicialmente de un esfuerzo atencional grande de mantener la atención, mantienen el control de la atención en los primeros minutos, pero ese nivel de activación y control sobre la atención va disminuyendo hasta que pierden casi totalmente la capacidad atencional (se aburren o distraen).

El aprendizaje  se produce en el instante en que las neuronas están activas y realizan sinapsis; Esta capacidad de comunicación neuronal es la base del aprendizaje, y sus infinitas oportunidades, lo que nos permite la plasticidad cerebral, lo que hace del cerebro un sistema en continuo cambio y desarrollo (podemos aprender un número casi infinito de cosas durante toda la vida). De este modo, cada vez que se produce un aprendizaje particular se ha creado una ruta eficaz de comunicación entre neuronas.

El nivel de alerta óptimo se produce en el momento que la curva de Yerkes-Dodson (Fig. 1) está en los puntos altos de la U invertida, y por consiguiente, un nivel optimo de aprendizaje Obviamente, es fundamental evitar el estrés intenso y el miedo  (altos niveles de activación) pues provocan bloqueo mental, y producen deterioro de patrones abiertos y el pensamiento libre, contraproducentes para la memoria, y, si se perpetúan en el tiempo, deterioran incluso las neuronas del hipocampo. Por el contrario, es positivo conseguir un nivel de alerta propicio para el aprendizaje aunque no siempre es sencillo (a modo de ejemplo existen momentos que en ciertas ocasiones el currículo se distancia mucho de los intereses de los niños, maximizándose en los adolescentes, adicionándose a su ya compleja evolución hormonal de la edad.

En conclusión, pocas veces nos hemos parado a pensar qué ocurre cuando por alguna causa o suceso que llama nuestra atención y como efecto nos produce algún tipo de emoción o muchas a la vez y hemos aprendido si tener conciencia de que lo hemos hecho.

Pongamos un ejemplo: Viajando por carretera observamos un accidente de tráfico ya señalizado (no sucede en ese instante). Desde la primera señal que nos advierte del mismo que detectamos visualmente, se concadenan una serie de acciones cerebrales que ponen en marcha mecanismos que van a hacer que, por un lado, levantemos el pie del acelerador, pisemos el freno, miremos el siniestro, sintamos curiosidad, miedo por las consecuencias del accidente, y en consecuencia, los siguientes kilómetros seamos mucho mas prudentes de lo que habitualmente somos, y quizá haber aprendido (o no) para futuras situaciones similares que hacer o que no hacer por si nos pasara a nosotros en circunstancias parecidas.

Como venimos diciendo, prestar atención (la atención selectiva), cuando las condiciones externas ambientales que rodean al individuo son óptimas, entendiendo éstas como las que van a proporcionar un buen aprendizaje, están directamente relacionadas con los niveles óptimos que han de tener los sistemas de alerta para que no sean ni demasiados escasos ni demasiado elevados para un aprendizaje eficaz. Es decir, los niveles han de estar equilibrados.

En el plano educativo, para lograr que los momentos óptimos de atención selectiva, con los adecuados estímulos externos, mantengan un adecuado equilibrio, evitar en lo posible factores como estrés, miedo o cualquier otro bloqueante (por exceso o por defecto de activación), debería centrarse en eliminar aquellas barreras que para el alumnado puedan suponer un problema en su modo y manera de aprender (qué quiero, para qué quiero, por qué quiero, dónde y cuándo).

Horarios que suponen estrés; como consecuencia, malos hábitos alimentarios, familia con escasa conciliación, distancias al centro educacional, etc.. Podríamos citar un sin fin de barreras. Todas ellas van a producir un bajo rendimiento académico, máxime si, para mayor despropósito, le añadimos la falta de interés por parte del individuo en las materias que van a formar parte de su currículo, que da por hecho qué es lo que va ser su centro de interés a posteriori. Concluyendo: Cohesión ( palabra muy de moda) para que la relación entre el interés que muestre el alumnado (atención selectiva) y el ambiente ya sea familia, entorno, circunstancias económicas, horarios, currículos, centros educacionales, distancias al mismo, etc. y que influyen sobremanera en el nivel general de alerta y en atención selectiva, sea el adecuado para que el aprender lo que fuere, se produzca de manera fluida, eficaz y duradera, evitando estados emocionales bloqueantes: miedo al fracaso escolar o de otra índole, carencias de sueño por los distractores habituales y cotidianos, o un exceso de estimulo, puede conseguir una mejora en el rendimiento escolar de alumnos, cuyas edades (entre los 6 y los 17 años) son las etapas mas sensibles para lograr buenas bases de aprendizaje.

A. Rios




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