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Emociones

Las emociones son procesos psicológicos que nos preparan para adaptarnos al entorno, cuya función principal consiste en ser la guía para poder elaborar las acciones adecuadas en cada momento. Creemos en nosotros mismos cuando somos capaces de diferenciar claramente aquello que sentimos por encima de lo que pensamos, lo que nos cuentan, o lo que dicta la norma cultural del momento.

Los diferentes tipos de emociones que vamos experimentando en la vida van construyendo nuestro sentido de la realidad e identidad. El primer paso para saber quiénes somos es saber qué sentimos. Existen emociones más difíciles de reconocer debido a las condiciones de aprendizaje (si fueron negadas, prohibidas..) o por las consecuencias que su representación en la consciencia puede tener para la auto-imagen y la auto-estima.

EMOCIÓN Y COMUNICACIÓN

En realidad toda emoción, aunque no sea expresada abiertamente, es una comunicación. En este sentido, para entender la función de las emociones y los sentimientos hay que observar el cuadro completo de los mensajes enviados, es decir, el patrón de secuencias que producen. Pongamos un ejemplo; A se enfada, entonces B se asusta y pone cara de miedo, entonces A se indigna y aprieta los puños, entonces B se asusta más y se aleja un paso…En este caso observamos que la emoción es la respuesta del organismo ante una situación y, al mismo tiempo, el estímulo que genera una reacción en el otro. Al igual que sucede en toda comunicación humana, la emoción es una respuesta y un estímulo, al mismo tiempo, en el sentido de que es determinada y determina el comportamiento del otro. El miedo, por ejemplo, puede producir ira, la ira alejamiento, el alejamiento soledad…de manera que cada patrón complejo de intercambio hará emerger una realidad concreta.

EMOCIÓN, PERSONALIDAD y APRENDIZAJE

No todas las personas se relacionan con su universo emocional de la misma manera. Algunas encuentran sencillo sentir y expresar con precisión los sentimientos, mientras otras tardan más tiempo en comprender los cambios que sufre su espíritu, y precisan interrumpir, incluso negar, su emotividad. ¿A qué se debe esta diferencia?. ¿Cuándo aprendimos a separarnos de lo que sentimos?

La infancia es un periodo complejo en lo referente a toda la ambivalencia emocional que el niño puede experimentar con respecto a sus mayores. Pero la facilidad o dificultad que tenemos para gestionar emociones y sentimientos no sólo depende de los traumas psicológicos sufridos. Una parte se debe a la trasmisión. Algunas familias trasmiten la capacidad de celebración y la alegría, mientras que otras se vinculan desde la culpa, o la ira. Sentir orgullo o vergüenza, tener alta o baja autoestima, y ser capaz de gestionar los propios sentimientos, depende de las experiencias y de los aprendizajes tempranos.

Los diferentes acontecimientos por los que atraviesa cualquier grupo humano de pertenencia construye una historia concreta, una narrativa donde se instalan distintas emociones y mecanismos de defensa para abordar la realidad. De la misma manera, cada país genera una cultura que determina la manera en que sus miembros pueden representarse los sentimientos. Cada momento histórico genera un ideario social, y las emociones no se salvan de esta influencia, y son connotadas en positivo o condenadas al ostracismo. Expresar rabia, por ejemplo, puede ser una mala idea cuando se vive en contextos que prohíben la autonomía, donde pensar diferente tiene un precio tan alto, que la gente aprende pronto a no enfadarse. Sentir debilidad y tristeza, por ejemplo, puede suponer un desacato a la ideología social del momento, cuando la prescripción generalizada es “los hombres no lloran” La neurosis, como ya dijo Freud, es el precio que las personas pagamos por pertenecer a una sociedad. El problema es que los sentimientos y las emociones no se eligen, surgen sin más. Podemos elegir lo que hacemos, podemos admitir que estamos equivocados en la forma de pensar las cosas, incluso reconocer que nuestra reacción ha sido desproporcionada, pero es difícil aceptar que lo que estamos sintiendo es incorrecto, inadecuado o falso.




Inteligencia Emocional

inteligencia emocional interpersonal y social

La inteligencia emocional se define como la habilidad para captar sentimientos, motivaciones y deseos, tanto propios como ajenos, y la capacidad de actuar de forma eficaz y creativa en las circunstancias personales y sociales.

En relación con las emociones propias, la persona inteligente emocionalmente sería aquella que permite la emergencia de sus sentimientos, aunque sin parapetarse en ellos más tiempo del que precisen necesario para ayudar a comprender.

La persona inteligente emocionalmente comprende la transición, las causas, las consecuencias, y la relación entre las diferentes emociones, además de saber percibir y gestionar los matices de sentimientos complejos.

Esta habilidad, se diferencia de la inteligencia puramente cognitiva (que recogen muchos test psicológicos), en la destreza para percibir e interpretar sentimientos. Todos conocemos a personas con estudios superiores, y  con habilidades hiper-desarrolladas para algunas competencias, que sin embargo, resultan torpes a la hora de relacionarse con los demás y mantienen una estrecha visión sobre los aspectos nucleares de la vida.

HISTORIA DEL TÉRMINO INTELIGENCIA EMOCIONAL

Uno de los antecedentes de la I.E surge en 1872, cuando Darwin demuestra cómo las emociones, tanto en el hombre como en los animales, proporcionan un sistema de señalización necesario para la supervivencia. Otro, es el concepto de Inteligencia Social, descrito por Thorndike en 1920, como la habilidad para comprender a los demás y actuar sabiamente en las relaciones interpersonales.

En 1990 aparece el concepto de I.E, como diferenciación de las decenas de tipos de inteligencia descritos por la psicología, aunque no es hasta el año 1995, cuando Daniel Goleman desarrolla este término en profundidad.

CARACTERÍSTICAS DE LAS PERSONAS CON INTELIGENCIA EMOCIONAL

Los individuos con I.E se diferencian de los demás por haber podido conquistar algunos aspectos como:

  • La identidad personal
  • El autoconocimiento
  • La asertividad
  • La empatía y expresión de sentimientos y deseos
  • La habilidad para construir un entorno afectivo satisfactorio.
  • La capacidad para tolerar la frustración y el estrés
  • El autodominio o control de los impulsos
  • La flexibilidad y la creatividad para representarse diferentes escenarios
  • La autoestima
  • La capacidad para resolver conflictos intrapsíquicos e interpersonales
  • La gestión emocional y comportamental ante diferentes situaciones.

F.S.Estaire




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